Narra Ash
Después del partido del sábado por la tarde, un partido que ganamos gracias al
touchdown de Doug a tan solo cuatro segundos del final, estoy charlando con
Sierra y el Factor Triple M, en un lateral del campo. Estamos discutiendo sobre
el lugar al que ir para celebrar la victoria.
- ¿Qué os parece Lou Malnati's? -dice Mandy.
Todas estamos de acuerdo, porque es la mejor pizzería de la ciudad. Megan está
a dieta, pero le encanta la ensalada especial de la casa, por lo que damos por
zanjado el asunto.
Mientras organizamos los últimos detalles, veo a Isabel hablando con Marta
Ruíz. Me acerco a ellas.
- Hola, chicas -las saludo-. ¿Les apetece venir a Lou Maltani's con nosotras?
María frunce el ceño, confusa. Aunque Isabel no lo hace.
- Claro -responde Isabel.
María se queda mirando a Isabel, luego se vuelve hacia mí y se dirige de nuevo
a su amiga. Le comenta algo en voz baja y añade que nos veremos en el
restaurante.
- ¿Qué te ha dicho?
- Quería saber la razón por la que nos invitas a salir con tus amigas.
- ¿Y qué le has dicho?
- Le he dicho que somos amigas. Pero para que lo sepas, mis amigas me llaman
Isa, no Isabel.
La acompaño hasta el resto del grupo. Entonces miro a Sierra, quien admitió no
hace mucho sentir celos por mi amistad con Isabel. Sin embargo, en lugar de
comportarse con frialdad, sonríe a Isabel y le pide que le enseñe cómo hace el
salto mortal doble en las prácticas de animadoras. Eso solo confirma que es mi
mejor amiga. Madison parece tan asombrada como María cuando anuncio que ella e
Isabel se vienen con nosotras al Lou Malnati's. Pero no objeta nada.
Quizás, solo quizás, este sea un pequeño paso hacia lo que el director Aguirre
llama «enmendar la brecha». No soy tan ingenua como para pensar que puedo
cambiar Fairfield de la noche a la mañana, pero mi percepción de algunas
personas ha cambiado en las últimas semanas. Espero que la de ellos también lo
haya hecho.
En el restaurante, me siento junto a Isabel. Un grupo de chicos del equipo de
fútbol también ha venido, por lo que el restaurante está invadido por
estudiantes del instituto Fairfield. Darlene entra con Matt. Él la rodea con
el brazo como si estuvieran saliendo juntos.
Sierra, que está sentada frente de mí, dice:
- Dime que no lleva la mano en el bolsillo trasero de Matt. Es tan patético.
- No me importa -le aseguro, intentando que no se note que en realidad si me
importa-. Si quieren salir juntos, allá ellos.
- Solo lo hace porque quiere tener todo lo que tú tienes. Para ella es como una
competición. Primero ocupa tu puesto en las animadoras, ahora le pone las
garras encima a Matt. Lo siguiente que sabrás es que quiere cambiarse el
nombre por el de Ashley.
- Qué graciosa.
- Eso dices ahora -añade, y luego se acerca para susurrar-: No te parecerá tan
gracioso cuando se interese por Zayn.
- Eso sí que no tiene gracia.
Doug entra en el restaurante y Sierra levanta la mano para llamar su atención.
No hay asientos libres, así que Sierra le deja el suyo y se sienta en su
regazo. Empiezan a enrollarse allí mismo, lo que me indica que es hora de darme
la vuelta y hablar con Isabel.
- ¿Cómo progresan las cosas con ya sabes quién? -le pregunto, sabiendo que no
puedo pronunciar el nombre de Paco porque Isa no quiere que April se entere de
que está colada por él.
- No progresan -suspira.
- ¿Por qué no? ¿Hablaste con él como te dije?
- No. Está comportándose como un idiota e ignora completamente el hecho de que
estuvimos juntos aquella noche. Creo que no lo menciona porque no quiere ir más
allá.
Pienso en mi ruptura con Matt y en mi aventura con Zayn. Cada vez que me
comporto al contrario de lo que los demás esperan de mí, haciendo por fin lo
que quiero, me siento mucho más fuerte.
- Tienes que arriesgarte, Isa. Te garantizo que vale la pena.
- Acabas de llamarme Isa.
- Lo sé. ¿Te parece bien?
- Sí, Ash, me parece bien -afirma, empujándome juguetonamente por el
hombro.
Hablar con Isa de Paco me hace sentir intrépida, y esa sensación me lleva a
pensar en Zayn. En cuanto terminamos de comer, y todos empiezan a marcharse,
llamo a Zayn por el móvil, de camino al coche.
- ¿Sabes dónde está el Club Mystique?
- Sí.
- Nos vemos allí a las nueve, esta noche.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa?
- Ya lo verás -le digo antes de colgar. Luego me doy cuenta de que Darlene está
justo detrás de mí. ¿Me habrá oído hablar con Zayn?
- ¿Tienes una cita esta noche? -me pregunta.
Eso responde a mi pregunta.
- ¿Qué te he hecho para que me odies tanto? Unos días somos amigas, pero otros
tengo la sensación de que tramas algo contra mí.
Darlene se encoge de hombros, apartándose el pelo de la cara. Me basta con ese
gesto para saber que ya no puedo considerarla mi amiga.
- Supongo que estoy harta de vivir a tu sombra. Ha llegado el momento
de que abdiques de tu reino. Has sido la princesa del instituto Fairfield
durante demasiado tiempo. Es hora de que le brindes a otra la oportunidad de
convertirse en el centro de atención.
- Todo para ti. Que lo disfrutes -le suelto. No sabe que nunca he deseado
ocupar la primera posición en todo. Si acaso, solía valerme de eso para darle
más credibilidad al papel que representaba ante los demás.
Cuando llego al Club Mystique a las nueve, Zayn me sorprende por detrás, en la
puerta. Me doy la vuelta y le rodeo el cuello con los brazos.
- Vaya, nena -exclama, apartándose un poco-. Pensaba que íbamos a mantener lo
nuestro en secreto. Odio decírtelo, pero hay un puñado de chicos del norte de
Fairfield justo ahí. Y nos están mirando.
- No me importa. Ya no.
- ¿Por qué?
- Sólo se vive una vez.
A él parece gustarle mi respuesta, porque me coge de la mano y me lleva al
final de la cola. Hace frío aquí fuera, y Zayn abre su chaqueta y me arropa con
ella mientras esperamos nuestro turno para entrar.
Le miro mientras nuestros cuerpos quedan el uno junto al otro.
- ¿Vas a bailar conmigo esta noche? -le pregunto.
- Por supuesto.
- Matt nunca quería bailar conmigo.
- Yo no soy ese idiota, nena, y nunca lo seré.
- Genial. Te tengo a ti, Zayn. He comprendido que es lo único que necesito y
que estoy preparada para compartirlo con el mundo.
Una vez dentro, Zayn me arrastra a la pista de baile. Hago caso omiso de las
miradas estúpidas de los estudiantes norteños de Fairfield mientras me acerco a
Zayn y nos movemos al ritmo de la música.
Nos contoneamos como si lleváramos toda la vida juntos; cada movimiento parece
sincronizado. Por primera vez, no tengo miedo de lo que la gente piense al
vernos juntos. El año que viene, cuando esté en la universidad, no tendrá
ninguna importancia de qué lado de la ciudad es cada cual.
Troy, un chico con el que bailé la última vez que vine al Club Mystique, me da
un golpecito en el hombro mientras la música hace vibrar el suelo de la pista.
- ¿Quién es tu nuevo semental? -pregunta.
- Troy, este es mi novio, Zayn. Zayn, este es Troy.
- Hola -dice Zayn tendiéndole la mano y estrechando la de Troy.
- Tengo la sensación de que este chico no cometerá el mismo error que cometió
el otro -asegura Troy.
No respondo, porque siento las manos de Zayn alrededor de mi cintura y espalda,
y me siento muy bien al tenerlo aquí conmigo. Creo que le gusta que lo llame
novio, y a mí me gusta poder decirlo en voz alta. Apoyo la espalda contra su
pecho y cierro los ojos, dejando que el ritmo de la música fluya y el
movimiento de nuestros cuerpos se funda en uno solo.
Después de bailar un rato, necesito un descanso. Salimos de la pista, saco el
móvil y le digo:
- Posa para mí.
En la primera foto intenta aparentar ser un chico malo. Me hace reír. Echo otra
antes de que pueda adoptar otra pose.
- tomémonos una juntos -sugiere, atrayéndome hacia él. Junto la mejilla con la
suya mientras él coge el móvil, lo aleja todo lo que puede y congela el momento
con un solo clic. Una vez hecha la foto, me rodea con sus brazos y me besa.
Me reclino en él y estudio la multitud. En la primera planta, en uno de los
palcos, veo a Matt, la última persona que pensaba encontrar aquí. Matt odia
este local, odia bailar.
Su mirada enojada se cruza con la mía; luego ofrece una exhibición por todo lo
alto besando a la chica que le acompaña, Darlene. Y ella le devuelve el beso
con todas sus ganas, mientras le agarra del culo y se frota contra él. Ella
sabía que yo estaría aquí con Zayn esta noche; es evidente que lo había
planeado todo.
- ¿Quieres irte? -pregunta Zayn cuando repara en ellos.
Me vuelvo para mirarle y una vez más me quedo boquiabierta ante sus hermosos y
marcados rasgos.
- No. Pero hace mucho calor aquí. Quítate la chaqueta.
Él vacila un instante antes de decir:
- No puedo.
- ¿Por qué no?
Hace una mueca.
- Dime la verdad, Zayn.
Me aparta un mechón de la cara y lo esconde tras la oreja.
- Nena, este no es el territorio de los pandilleros a los que pertenezco, sino el de los Fremont 5,
una banda rival. Tu amigo Troy es uno de ellos.
¿Qué? Cuando le sugerí que viniésemos aquí, no me detuve a pensar en territorios
ni afiliaciones a bandas. Yo solo quería bailar.
- Ay, madre, Zayn. Te he puesto en peligro. ¡Salgamos de aquí! -exclamo
desesperada.
Zayn se acerca mucho y me susurra al oído:
- Solo se vive una vez, ¿no es eso lo que has dicho antes? Vuelve a bailar conmigo
- Pero...
Me interrumpe con un beso tan apasionado que me olvido de todo lo demás. Y tan
pronto como recupero el sentido, volvemos a estar en la pista de baile.
Corremos el riesgo y nos movemos demasiado cerca de los tiburones, pero salimos
sin un arañazo. El peligro que nos acecha acaba por reforzar nuestra mutua
complicidad.
En el baño de las chicas, Darlene se retoca en el espejo.
La veo y ella a mí.
- Hola -digo.
Darlene pasa por mi lado sin pronunciar palabra. Es un pequeño atisbo de lo que
me espera al ser una chica de la zona norte marginada, pero no me importa.
Cuando acaba la noche, y Zayn me acompaña al coche, le cojo de la mano y miro
las estrellas.
- Si pudieras pedir un deseo ahora mismo, ¿qué pedirías? -le pregunto.
- Que el tiempo se detuviera.
- ¿Por qué?
Se encoje de hombros y contesta:
- Porque así podría vivir este momento eternamente. ¿Y tú?
- Ir a la universidad juntos. Aunque tú quieras evitar el futuro, yo estoy
deseando que llegue. ¿No sería genial sí los dos estuviéramos en la misma universidad?
Lo digo en serio, Zayn.
Se aparta de mí.
- Para alguien que quiere tomarse las cosas con tranquilidad, estás planeando
cosas con mucha antelación.
- Lo sé. Lo siento. No puedo evitarlo. He presentado mi solicitud para entrar
en la Universidad de Londres y así estar cerca de mi hermana. El lugar al que
la van a mandar mis padres está a unos pocos kilómetros del campus. No sería
tan grave que presentaras una solicitud, ¿no crees?
- Supongo que no.
- ¿En serio?
Me aprieta la mano con fuerza.
- Lo que sea por hacerte sonreír así.
Wings are made to fly.
sábado, 29 de marzo de 2014
martes, 19 de noviembre de 2013
Capitulo 44
Narra Zayn
Llevarme a una galería no es la mejor idea que ha tenido. Cuando Sierra se
lleva a Ash para enseñarle una pintura, me siento completamente fuera de
lugar.
Deambulo por el local y estudio la mesa en la que se extiende la comida pero,
por suerte, ya hemos comido. De hecho, no sé quién puede llamar comida a esto.
Tengo la sensación de que alguien debería meter el sushi un rato en el
microondas para que fuera comestible. También hay sándwiches del tamaño de una
moneda.
- Nos hemos quedado sin wasabi.
Todavía estoy concentrando identificando el surtido de comida cuando alguien me
da un golpecito en la espalda. Me doy la vuelta y veo a un chico bajito y
rubio. Me recuerda a Cara Burro, y de inmediato, quiero apartarlo de un
empujón.
- Nos hemos quedado sin wasabi -repite.
Le respondería si supiera qué es el wasabi. Pero no tengo ni idea, de modo
que no me inmuto. Y eso me hace sentir como un idiota.
- ¿No hablas mi idioma?
Aprieto con fuerza las manos. «Si, hablo tu idioma, idiota. Pero la última vez
que estuve en clase de lengua, no nos explicaron qué significa la palabra
'wasabi'». En lugar de responder, ignoro al tipo y me acerco a una de las
pinturas para observarla de cerca. Una chica y un perro caminando por lo que
parece una tosca imitación de la Tierra.
- Aquí estás. -Ash se acerca. Doug y Sierra van detrás de ella.
- Ashley, este es Perry Landis -anuncia Doug, señalando al tipo que se parecía
a Colin-. El artista.
- ¡Ay, madre! ¡Tu obra es increíble! -exclama ella con efusividad.
Ha dicho «ay, madre» como si fuera una cabeza de chorlito. ¿Está riéndose de mí
o qué?
El tipo mira su pintura por encima del hombro de Ash.
- ¿Qué te parece esta? -pregunta. Ashley carraspea antes de contestar:
- Creo que proyecta un profundo conocimiento sobre la relación entre el hombre,
el animal y la Tierra.
Venga ya. Qué estupidez.
Perry la rodea con el brazo y siento la tentación de darle una paliza, aquí, en
medio de la galería.
- Se ve que eres una chica muy profunda.
Profunda, sí, claro. Lo que quiere es llevársela a la cama... algo que no hará
si puedo evitarlo.
- Zayn, ¿qué crees tú? -pregunta ella, volviéndose hacia mí.
- Bueno... -Me froto la barbilla mientras observo fijamente la pintura-. Te doy
un dólar por la colección entera, dos como mucho.
Sierra abre los ojos de par en par y se cubre la boca con la mano,
conmocionada. Doug se ha atragantado con la bebida. ¿Y Ashley? Miro a mi nueva
chica mientras espero su respuesta.
- Zayn, le debes una disculpa a Perry -suelta.
Sí, después de que él se disculpe por preguntarme por el wasabi. Ni de broma.
- Me largo de aquí -contesto, antes de darles la espalda y salir por la puerta
de la galería. Me voy.Ya fuera, le cojo un cigarrillo a una camarera que está de
descanso al otro lado de la calle. Lo único en lo que puedo pensar es en la
expresión de Ashley cuando me ha ordenado que me disculpe.
No se me da muy bien obedecer órdenes.
Maldita sea, no me ha hecho ninguna gracia ver cómo el idiota del artista ha
rodeado a mi chica con el brazo. Estoy seguro de que todos, de una manera u
otra, quieren lo mismo: alardear de que han podido tocarla. También lo deseo
yo, pero la quiero para mí solo. No me apetece que me dé órdenes como si fuera
un cachorrito, y que me coja de la mano cuando le apetezca y no esté haciendo
ninguna escena.
Es obvio que esto no está saliendo como se suponía.
- Te he visto salir de la galería. Ahí solo entran zánganos -dice la camarera
después de que le devuelva el mechero.
Wasabi. Zánganos... En serio, debo dejar de faltar a clase de lengua.
- ¿Zánganos?
- Sí, zánganos, privilegiados que viven a costa del resto del enjambre.
- Ah, bueno, pues definitivamente yo no soy uno de ellos. Respecto a lo del
enjambre, pertenezco más bien a las obreras -respondo con ironía, dándole una
calada al cigarrillo y agradeciendo la nicotina. De inmediato, me siento más
tranquilo. Bueno, puede que tenga los pulmones marchitos, pero tengo la
impresión de que moriré antes de que mis pulmones alcancen la saturación.
- Soy Lena, otra obrera. -La camarera me tiende la mano y me lanza una
sonrisa. Tiene el cabello castaño y unas mechas de color púrpura. Es guapa,
pero no es Ashley.
- Zayn.
Cuando le estrecho la mano, ella se queda mirando mis tatuajes.
- Yo tengo dos. ¿Quieres verlos?
En realidad no me apetece ver lo que le tatuaron en el pecho o en el trasero
una noche de borrachera.
- ¡Zayn! -grita Ashley desde la puerta de la galería.
Le doy una calada más al cigarro y procuro no pensar en el hecho de que Ashley
ha organizado esta excursión para poder ocultar su sucio secretito. Y ya estoy
harto de ser un jodido secreto.
Mi medio novia cruza la calle. Los tacones de sus zapatos de diseño resuenan en
la acera y me recuerdan que ella pertenece a una clase superior a la mía. Nos
observa, a Lena y a mí, dos obreros fumando juntos.
- Lena, aquí presente, estaba a punto de enseñarme sus tatuajes -suelto para molestarla.
- No me digas. ¿Tú también ibas a enseñarle los tuyos? -me pregunta con una mirada
inquisidora.
- No me va mucho el drama -anuncia Lena, antes de lanzar el cigarrillo al
suelo y aplastarlo con la punta de su zapatilla deportiva-. Qué tengas suerte. Vas a necesitarla.
Doy otra calada al cigarrillo, deseando que Ash no me provocara tanto como
lo hace.
- Vuelve a la galería, nena. Me vuelvo a casa en autobús.
- Pensaba que íbamos a pasar un día agradable junto, Zayn, en una ciudad donde
nadie nos conoce. ¿No te apetece ser anónimo de vez en cuando?
- ¿A qué llamas agradable, a que ese pedazo de idiota que se autoproclama
artista me tome por ayudante de camarero? Prefiero que me conozcan como
pandillero que como camarero.
- Ni siquiera le das una oportunidad a todo esto. Si te relajaras y cambiaras
el chip, encajarías bien. Puedes ser uno más.
- Todo el mundo es falso. Incluso tú. Despierta, señorita «¡Ay, mi madre!» No
quiero ser uno de ellos. ¿Lo pillas?
- Alto y claro. Para tu información, yo no soy falsa. Puedes llamarlo así si
quieres, pero nosotros lo llamamos ser considerados y educados.
- En tu círculo social, no en el mío, dónde lo llamamos por su nombre. Y nunca
jamás vuelvas a ordenarme que me disculpe como si fueras mi madre. Te lo juro,
Ashley, la próxima vez que lo hagas habremos acabado.
Mierda. Se le han puesto los ojos vidriosos. Cuando me da la espalda, deseo
darme una golpe en la cabeza por haberla
herido. Tiro el cigarrillo al suelo.
- Lo siento. No pretendía ser un imbécil. Bueno, sí. Pero solo porque no me
siento cómodo aquí.
Ella no me mira. Tiendo la mano para acariciarle la espalda y me alegro al
comprobar que no se aparta de mí. Continúo hablando:
- Ash, me encanta salir contigo. Joder, cuando voy al instituto, te busco
por los pasillos. Tan pronto observo esos mechones brillantes y angelicales -le
explico, deslizando los dedos entre su melena-, sé que puedo seguir adelante
sin contratiempos.
- No soy un ángel.
- Para mí lo eres. Si me disculpas, regresaré y me disculparé ante ese artista.
- ¿De verdad? -pregunta con los ojos muy abiertos.
- Sí. No quiero hacerlo pero lo haré... por ti.
Sus labios esbozan una tímida sonrisa.
- No es necesario. Aprecio que digas que lo harías por mí, pero tienes razón.
Se ha portado como un idiota.
- Aquí están -dice Sierra-. Os hemos buscado por todas partes, tortolitos.
Pongámonos en marcha y vayamos ya a la cabaña.
En cuanto llegamos, Doug se frota las manos.
- ¿Bañera de hidromasaje o película? -pregunta.
Sierra se acerca a la ventana que da al lago.
- Me voy a quedar dormida si ponemos una peli.
Sentado junto a Ashley en el sofá del salón, me quedo alucinando ante el hecho
de que esta gigantesca casa sea la segunda residencia de Doug. Es más grande
que la mía. ¿Una bañera de hidromasaje? Vaya, esta gente tiene de todo.
- No he traído bañador -digo.
- No te preocupes -contesta Ash-. Seguramente Doug pueda prestarte uno de
los que guarda en la casita de la piscina.
En la casita en cuestión, Doug busca en uno de los armarios.
- Solo hay dos -dice entregándome un minúsculo bañador-. ¿Crees que te cabrá,
grandullón?
- Tal vez para el testículo derecho. ¿Por qué no te pones tú este y yo cojo el
otro? -sugiero y me acerco al armario para sacar un bañador tipo bóxer. Reparo
en que las chicas han desaparecido-. ¿Dónde se han metido?
- Han ido a cambiarse. Y a hablar de nosotros, estoy seguro.
Me cambio en un pequeño vestidor mientras pienso en la vida en mi barrio. Aquí,
en el lago, es fácil olvidarse de eso durante un rato. No tengo que
preocuparme de quién está cubriéndome las espaldas. Cuando salgo del vestidor,
Doug dice;
- ¿Eres consciente de que Ash va a tener que tragar mucho para salir
contigo? La gente ya está empezando a hablar.
- Escucha, Dougie. Me gusta esa chica más de lo que me ha gustado nadie en toda
mi vida. No estoy dispuesto a dejarla escapar. Empezaré a preocuparme de lo que
piense la gente cuando esté a dos metros bajo tierra.
Doug sonríe y extiende los brazos.
- Eh, Malik, creo que acabamos de compartir un momento de amistad. ¿Quieres
celebrarlo con un abrazo?
- Ni de broma.
Doug me da una palmada en la espalda y luego nos dirigimos a la bañera de
hidromasaje. A pesar de todo, creo que tiene razón: no sé si hemos dado un paso
hacia la amistad, pero por lo menos nos entendemos bien. Sea lo que sea, no
estoy dispuesto a abrazarle.
- Muy sexy, cariño -dice Sierra mirando el minúsculo bañador.
Doug camina como un pingüino e intenta que el bañador no le moleste demasiado.
- Te juro que me quitaré esto en cuanto me meta en la bañera.
- No entres en detalles -interviene Ash, tapándose los oídos con las palmas
de las manos.
Lleva un bikini amarillo que deja muy poco a la imaginación. ¿Acaso no es
consciente de que parece una hermosa flor, capaz de alegrarle la vida a todo
aquel que se fije en ella?
Doug y Sierra se meten en la bañera.
Yo me cuelo de un salto y me siento junto a Ash. Es la primera vez que me
meto en una bañera de hidromasaje y no conozco mucho el protocolo. ¿Vamos a
sentamos aquí a hablar o a separarnos en parejas para darnos algunos besos?
Preferiría la segunda opción, pero Ashley parece nerviosa.
Sobre todo cuando Doug lanza su bañador fuera del agua.
- Ya te vale, amigo -digo, haciendo una mueca.
- ¿Qué? Me gustaría tener niños algún día, Malik. Y esa cosa me estaba cortando
la circulación.
Ashley sale de la bañera y se tapa con una toalla.
- Vayamos dentro, Zayn.
- Podeis quedaros aquí, chicos -asegura
Sierra-. Haré que se ponga la bolsa de canicas otra vez.
- Olvídalo. Disfrutar del baño. Nosotros estaremos dentro -replica la rubia.
Cuando salgo de la bañera, Ashley me pasa una toalla. La rodeo con un brazo
mientras caminamos hacia la cabaña.
- ¿Te encuentras bien?
- Claro. Pensaba que estabas enfadado.
- Estoy genial. Pero... -Una vez en la casa, cojo una figurita de cristal
soplado y la miro con atención-. Ver esta casa, esta vida... quiero estar aquí
contigo, pero miro a mí alrededor y me doy cuenta de que esto nunca será mi
mundo.
- Piensas demasiado. -Se arrodilla en la alfombra y da una palmadita para
invitarme a que me siente a su lado-. Ven aquí y túmbate boca abajo. Sé dar
masajes suecos. Te relajará.
- Pero tú no eres sueca.
- Sí, ya, y tú tampoco. Así que si lo hago mal, no te darás cuenta.
Me tumbo a su lado.
- Pensaba que íbamos a tomárnoslo con calma.
- Un masaje en la espalda es inofensivo.
Recorro con la mirada el bikini que le marca un cuerpo de escándalo.
- Tengo que confesarte que he intimado con chicas que llevaban mucha más ropa
de la que llevas ahora.
- Compórtate. -Me da en el trasero
Cuando sus manos tocan mi espalda, dejo escapar un gemido. Esto es una tortura.
Estoy intentando portarme como es debido, pero me encanta el contacto de sus
manos, y mi cuerpo parece cobrar vida propia.
- Estás tenso -me dice al oído.
Por supuesto que estoy tenso. Tiene las manos sobre mí. Mi respuesta es otro
gemido.
Después de unos minutos de masaje soporífero, empiezan a oírse fuertes gemidos,
suspiros y gruñidos que vienen de la bañera de hidromasaje y que se cuelan en
nuestra habitación. Es obvio que Sierra y Doug se han saltado el masaje de
espalda.
- ¿Crees que lo están haciendo? -pregunta.
- O eso o Doug es un tipo muy religioso -respondo, haciendo alusión al «¡Oh,
Dios!» que Doug exclama cada dos segundos.
- ¿Te pone acaso? -canturrea en voz baja junto a mi oído.
- No, pero si sigues masajeándome así, olvídate de toda esa mierda de
tomárnoslo con calma. -Me siento y la miro a la cara-. Lo que no logro entender
es si me provocas y me tientas a propósito o si realmente eres inocente.
- No intento provocarte.
Enarco una ceja y bajo la mirada hacia la parte superior de mi muslo, donde
ella ha apoyado su mano. La aparta bruscamente.
- Vale, no pretendía poner la mano ahí. Bueno, quiero decir que lo he hecho sin
darme cuenta. Solo que... lo que... lo que quiero decir es que...
- Me encanta cuando tartamudeas -admito mientras la acerco y le enseño mi
versión del masaje sueco, hasta que Doug y Sierra nos interrumpen.
Dos semanas más tarde, me entero de que tengo una cita en el
juzgado por los cargos de posesión de armas. Le oculto la noticia a Ashley,
porque alucinaría. Probablemente me diría que un abogado de oficio no es tan
bueno como uno privado. Lo cierto es que no puedo permitirme un abogado de un
gran bufete.
Mientras espero en la puerta principal del instituto, preocupándome por lo que
me depara el destino, alguien me golpea de repente y casi caigo al suelo.
- ¿Qué diablos? -espeto.
- Lo siento -responde el chico con voz nerviosa.
Me doy cuenta de que el tipo que tengo delante no es otro que el de
la cárcel en persona.
- Ven aquí, imbécil -grita Sam
Avanzo y me interpongo entre ellos. - Sam, ¿cuál es el problema?
- Este idiota me ha robado la plaza de aparcamiento -me explica señalandole
- ¿Y? ¿No has encontrado otro sitio?
Sam se endereza con rigidez, listo para darle una paliza al chico. No
vacilaría ni un segundo si se propone hacerlo.
- Si, he encontrado otro sitio.
- Pues entonces déjale en paz. Lo conozco. Es buena gente.
- ¿Conoces a este tipo? -pregunta Sam, enarcando una ceja.
- Mira. - echo un vistazo al chico y agradezco que esta vez lleve una camisa
azul y no la de color coral. Todavía tiene pinta de lerdo, pero por lo menos
puedo mantenerme serio cuando digo-: Este tipo ha estado en la cárcel más veces
que yo. Puede que parezca un idiota, pero bajo ese pelo engominado y esa fea
camisa se esconde un auténtico tipo duro.
- ¿Estás riéndote de mí, Zayn? -asegura Sam.
- No digas que no te lo advertí -añado, encogiéndome de hombros y apartándome
de su camino.
El chico da un paso adelante, aparentando ser un tipo duro. Me muerdo el labio
inferior para no soltar una carcajada y me cruzo de brazos como si estuviera
esperando a que comenzara la pelea. Mis colegas de los Latino Blood también
esperan, preparados para ver como un lerdo le patea el culo a Sam.
Sam me mira, después mira al chico y otra vez a mí.
- Zayn, como te estés riendo de mí...
- Comprueba su expediente policial. Su especialidad son los coches de lujo.
Sam espera su siguiente movimiento. El chico no. Camina hacia mí y me tiende
el puño.
- Si necesitas algo, Zayn, sabes que puedes contar conmigo.
Hago chocar mi puño contra el de él. Un segundo más tarde ha
desaparecido. Doy gracias porque nadie haya reparado en el temblor de su muñeca.
Me topo con él junto a su taquilla, en el descanso entre la primera y segunda
hora.
- ¿Hablabas en serio cuando has dicho que puedo contar contigo si lo necesito?
- Después de lo de esta mañana, te debo la vida -admite -. No sé por
qué has dado la cara por mí, pero estaba cagado de miedo.
- Esa es la regla número uno. No dejes que se note que estás cagado.
El chico resopla. Supongo que es su manera de reír, o eso o padece una
sinusitis de la hostia.
- Intentaré recordarlo la próxima vez que un pandillero amenace con matarme. -tiende una mano para estrechar la mía-. Me llamo Gary Frankel.
Le estrecho la mano.
- Mira, Gary -continuo-. Mi juicio es la semana que viene y preferiría no
fiarme de un abogado de oficio. ¿Crees que tu madre podría ayudarme?
Gary sonríe.
- Creo que sí. Es muy buena. Si es tu primer delito, probablemente te consiga
una libertad condicional reducida.
- No me lo puedo permitir...
- No te preocupes por el dinero, Zayn. Aquí tienes su tarjeta. Le diré que eres
amigo mío y lo hará gratis.
Cuando Gary se aleja por el pasillo, pienso en lo cómico de la situación. A
veces, la persona que menos esperas puede convertirse en tu aliado, aunque sea
por una vez. Y a veces, una chica rica puede hacer que el futuro sea algo que
esperas con ilusión.
Llevarme a una galería no es la mejor idea que ha tenido. Cuando Sierra se
lleva a Ash para enseñarle una pintura, me siento completamente fuera de
lugar.
Deambulo por el local y estudio la mesa en la que se extiende la comida pero,
por suerte, ya hemos comido. De hecho, no sé quién puede llamar comida a esto.
Tengo la sensación de que alguien debería meter el sushi un rato en el
microondas para que fuera comestible. También hay sándwiches del tamaño de una
moneda.
- Nos hemos quedado sin wasabi.
Todavía estoy concentrando identificando el surtido de comida cuando alguien me
da un golpecito en la espalda. Me doy la vuelta y veo a un chico bajito y
rubio. Me recuerda a Cara Burro, y de inmediato, quiero apartarlo de un
empujón.
- Nos hemos quedado sin wasabi -repite.
Le respondería si supiera qué es el wasabi. Pero no tengo ni idea, de modo
que no me inmuto. Y eso me hace sentir como un idiota.
- ¿No hablas mi idioma?
Aprieto con fuerza las manos. «Si, hablo tu idioma, idiota. Pero la última vez
que estuve en clase de lengua, no nos explicaron qué significa la palabra
'wasabi'». En lugar de responder, ignoro al tipo y me acerco a una de las
pinturas para observarla de cerca. Una chica y un perro caminando por lo que
parece una tosca imitación de la Tierra.
- Aquí estás. -Ash se acerca. Doug y Sierra van detrás de ella.
- Ashley, este es Perry Landis -anuncia Doug, señalando al tipo que se parecía
a Colin-. El artista.
- ¡Ay, madre! ¡Tu obra es increíble! -exclama ella con efusividad.
Ha dicho «ay, madre» como si fuera una cabeza de chorlito. ¿Está riéndose de mí
o qué?
El tipo mira su pintura por encima del hombro de Ash.
- ¿Qué te parece esta? -pregunta. Ashley carraspea antes de contestar:
- Creo que proyecta un profundo conocimiento sobre la relación entre el hombre,
el animal y la Tierra.
Venga ya. Qué estupidez.
Perry la rodea con el brazo y siento la tentación de darle una paliza, aquí, en
medio de la galería.
- Se ve que eres una chica muy profunda.
Profunda, sí, claro. Lo que quiere es llevársela a la cama... algo que no hará
si puedo evitarlo.
- Zayn, ¿qué crees tú? -pregunta ella, volviéndose hacia mí.
- Bueno... -Me froto la barbilla mientras observo fijamente la pintura-. Te doy
un dólar por la colección entera, dos como mucho.
Sierra abre los ojos de par en par y se cubre la boca con la mano,
conmocionada. Doug se ha atragantado con la bebida. ¿Y Ashley? Miro a mi nueva
chica mientras espero su respuesta.
- Zayn, le debes una disculpa a Perry -suelta.
Sí, después de que él se disculpe por preguntarme por el wasabi. Ni de broma.
- Me largo de aquí -contesto, antes de darles la espalda y salir por la puerta
de la galería. Me voy.Ya fuera, le cojo un cigarrillo a una camarera que está de
descanso al otro lado de la calle. Lo único en lo que puedo pensar es en la
expresión de Ashley cuando me ha ordenado que me disculpe.
No se me da muy bien obedecer órdenes.
Maldita sea, no me ha hecho ninguna gracia ver cómo el idiota del artista ha
rodeado a mi chica con el brazo. Estoy seguro de que todos, de una manera u
otra, quieren lo mismo: alardear de que han podido tocarla. También lo deseo
yo, pero la quiero para mí solo. No me apetece que me dé órdenes como si fuera
un cachorrito, y que me coja de la mano cuando le apetezca y no esté haciendo
ninguna escena.
Es obvio que esto no está saliendo como se suponía.
- Te he visto salir de la galería. Ahí solo entran zánganos -dice la camarera
después de que le devuelva el mechero.
Wasabi. Zánganos... En serio, debo dejar de faltar a clase de lengua.
- ¿Zánganos?
- Sí, zánganos, privilegiados que viven a costa del resto del enjambre.
- Ah, bueno, pues definitivamente yo no soy uno de ellos. Respecto a lo del
enjambre, pertenezco más bien a las obreras -respondo con ironía, dándole una
calada al cigarrillo y agradeciendo la nicotina. De inmediato, me siento más
tranquilo. Bueno, puede que tenga los pulmones marchitos, pero tengo la
impresión de que moriré antes de que mis pulmones alcancen la saturación.
- Soy Lena, otra obrera. -La camarera me tiende la mano y me lanza una
sonrisa. Tiene el cabello castaño y unas mechas de color púrpura. Es guapa,
pero no es Ashley.
- Zayn.
Cuando le estrecho la mano, ella se queda mirando mis tatuajes.
- Yo tengo dos. ¿Quieres verlos?
En realidad no me apetece ver lo que le tatuaron en el pecho o en el trasero
una noche de borrachera.
- ¡Zayn! -grita Ashley desde la puerta de la galería.
Le doy una calada más al cigarro y procuro no pensar en el hecho de que Ashley
ha organizado esta excursión para poder ocultar su sucio secretito. Y ya estoy
harto de ser un jodido secreto.
Mi medio novia cruza la calle. Los tacones de sus zapatos de diseño resuenan en
la acera y me recuerdan que ella pertenece a una clase superior a la mía. Nos
observa, a Lena y a mí, dos obreros fumando juntos.
- Lena, aquí presente, estaba a punto de enseñarme sus tatuajes -suelto para molestarla.
- No me digas. ¿Tú también ibas a enseñarle los tuyos? -me pregunta con una mirada
inquisidora.
- No me va mucho el drama -anuncia Lena, antes de lanzar el cigarrillo al
suelo y aplastarlo con la punta de su zapatilla deportiva-. Qué tengas suerte. Vas a necesitarla.
Doy otra calada al cigarrillo, deseando que Ash no me provocara tanto como
lo hace.
- Vuelve a la galería, nena. Me vuelvo a casa en autobús.
- Pensaba que íbamos a pasar un día agradable junto, Zayn, en una ciudad donde
nadie nos conoce. ¿No te apetece ser anónimo de vez en cuando?
- ¿A qué llamas agradable, a que ese pedazo de idiota que se autoproclama
artista me tome por ayudante de camarero? Prefiero que me conozcan como
pandillero que como camarero.
- Ni siquiera le das una oportunidad a todo esto. Si te relajaras y cambiaras
el chip, encajarías bien. Puedes ser uno más.
- Todo el mundo es falso. Incluso tú. Despierta, señorita «¡Ay, mi madre!» No
quiero ser uno de ellos. ¿Lo pillas?
- Alto y claro. Para tu información, yo no soy falsa. Puedes llamarlo así si
quieres, pero nosotros lo llamamos ser considerados y educados.
- En tu círculo social, no en el mío, dónde lo llamamos por su nombre. Y nunca
jamás vuelvas a ordenarme que me disculpe como si fueras mi madre. Te lo juro,
Ashley, la próxima vez que lo hagas habremos acabado.
Mierda. Se le han puesto los ojos vidriosos. Cuando me da la espalda, deseo
darme una golpe en la cabeza por haberla
herido. Tiro el cigarrillo al suelo.
- Lo siento. No pretendía ser un imbécil. Bueno, sí. Pero solo porque no me
siento cómodo aquí.
Ella no me mira. Tiendo la mano para acariciarle la espalda y me alegro al
comprobar que no se aparta de mí. Continúo hablando:
- Ash, me encanta salir contigo. Joder, cuando voy al instituto, te busco
por los pasillos. Tan pronto observo esos mechones brillantes y angelicales -le
explico, deslizando los dedos entre su melena-, sé que puedo seguir adelante
sin contratiempos.
- No soy un ángel.
- Para mí lo eres. Si me disculpas, regresaré y me disculparé ante ese artista.
- ¿De verdad? -pregunta con los ojos muy abiertos.
- Sí. No quiero hacerlo pero lo haré... por ti.
Sus labios esbozan una tímida sonrisa.
- No es necesario. Aprecio que digas que lo harías por mí, pero tienes razón.
Se ha portado como un idiota.
- Aquí están -dice Sierra-. Os hemos buscado por todas partes, tortolitos.
Pongámonos en marcha y vayamos ya a la cabaña.
En cuanto llegamos, Doug se frota las manos.
- ¿Bañera de hidromasaje o película? -pregunta.
Sierra se acerca a la ventana que da al lago.
- Me voy a quedar dormida si ponemos una peli.
Sentado junto a Ashley en el sofá del salón, me quedo alucinando ante el hecho
de que esta gigantesca casa sea la segunda residencia de Doug. Es más grande
que la mía. ¿Una bañera de hidromasaje? Vaya, esta gente tiene de todo.
- No he traído bañador -digo.
- No te preocupes -contesta Ash-. Seguramente Doug pueda prestarte uno de
los que guarda en la casita de la piscina.
En la casita en cuestión, Doug busca en uno de los armarios.
- Solo hay dos -dice entregándome un minúsculo bañador-. ¿Crees que te cabrá,
grandullón?
- Tal vez para el testículo derecho. ¿Por qué no te pones tú este y yo cojo el
otro? -sugiero y me acerco al armario para sacar un bañador tipo bóxer. Reparo
en que las chicas han desaparecido-. ¿Dónde se han metido?
- Han ido a cambiarse. Y a hablar de nosotros, estoy seguro.
Me cambio en un pequeño vestidor mientras pienso en la vida en mi barrio. Aquí,
en el lago, es fácil olvidarse de eso durante un rato. No tengo que
preocuparme de quién está cubriéndome las espaldas. Cuando salgo del vestidor,
Doug dice;
- ¿Eres consciente de que Ash va a tener que tragar mucho para salir
contigo? La gente ya está empezando a hablar.
- Escucha, Dougie. Me gusta esa chica más de lo que me ha gustado nadie en toda
mi vida. No estoy dispuesto a dejarla escapar. Empezaré a preocuparme de lo que
piense la gente cuando esté a dos metros bajo tierra.
Doug sonríe y extiende los brazos.
- Eh, Malik, creo que acabamos de compartir un momento de amistad. ¿Quieres
celebrarlo con un abrazo?
- Ni de broma.
Doug me da una palmada en la espalda y luego nos dirigimos a la bañera de
hidromasaje. A pesar de todo, creo que tiene razón: no sé si hemos dado un paso
hacia la amistad, pero por lo menos nos entendemos bien. Sea lo que sea, no
estoy dispuesto a abrazarle.
- Muy sexy, cariño -dice Sierra mirando el minúsculo bañador.
Doug camina como un pingüino e intenta que el bañador no le moleste demasiado.
- Te juro que me quitaré esto en cuanto me meta en la bañera.
- No entres en detalles -interviene Ash, tapándose los oídos con las palmas
de las manos.
Lleva un bikini amarillo que deja muy poco a la imaginación. ¿Acaso no es
consciente de que parece una hermosa flor, capaz de alegrarle la vida a todo
aquel que se fije en ella?
Doug y Sierra se meten en la bañera.
Yo me cuelo de un salto y me siento junto a Ash. Es la primera vez que me
meto en una bañera de hidromasaje y no conozco mucho el protocolo. ¿Vamos a
sentamos aquí a hablar o a separarnos en parejas para darnos algunos besos?
Preferiría la segunda opción, pero Ashley parece nerviosa.
Sobre todo cuando Doug lanza su bañador fuera del agua.
- Ya te vale, amigo -digo, haciendo una mueca.
- ¿Qué? Me gustaría tener niños algún día, Malik. Y esa cosa me estaba cortando
la circulación.
Ashley sale de la bañera y se tapa con una toalla.
- Vayamos dentro, Zayn.
- Podeis quedaros aquí, chicos -asegura
Sierra-. Haré que se ponga la bolsa de canicas otra vez.
- Olvídalo. Disfrutar del baño. Nosotros estaremos dentro -replica la rubia.
Cuando salgo de la bañera, Ashley me pasa una toalla. La rodeo con un brazo
mientras caminamos hacia la cabaña.
- ¿Te encuentras bien?
- Claro. Pensaba que estabas enfadado.
- Estoy genial. Pero... -Una vez en la casa, cojo una figurita de cristal
soplado y la miro con atención-. Ver esta casa, esta vida... quiero estar aquí
contigo, pero miro a mí alrededor y me doy cuenta de que esto nunca será mi
mundo.
- Piensas demasiado. -Se arrodilla en la alfombra y da una palmadita para
invitarme a que me siente a su lado-. Ven aquí y túmbate boca abajo. Sé dar
masajes suecos. Te relajará.
- Pero tú no eres sueca.
- Sí, ya, y tú tampoco. Así que si lo hago mal, no te darás cuenta.
Me tumbo a su lado.
- Pensaba que íbamos a tomárnoslo con calma.
- Un masaje en la espalda es inofensivo.
Recorro con la mirada el bikini que le marca un cuerpo de escándalo.
- Tengo que confesarte que he intimado con chicas que llevaban mucha más ropa
de la que llevas ahora.
- Compórtate. -Me da en el trasero
Cuando sus manos tocan mi espalda, dejo escapar un gemido. Esto es una tortura.
Estoy intentando portarme como es debido, pero me encanta el contacto de sus
manos, y mi cuerpo parece cobrar vida propia.
- Estás tenso -me dice al oído.
Por supuesto que estoy tenso. Tiene las manos sobre mí. Mi respuesta es otro
gemido.
Después de unos minutos de masaje soporífero, empiezan a oírse fuertes gemidos,
suspiros y gruñidos que vienen de la bañera de hidromasaje y que se cuelan en
nuestra habitación. Es obvio que Sierra y Doug se han saltado el masaje de
espalda.
- ¿Crees que lo están haciendo? -pregunta.
- O eso o Doug es un tipo muy religioso -respondo, haciendo alusión al «¡Oh,
Dios!» que Doug exclama cada dos segundos.
- ¿Te pone acaso? -canturrea en voz baja junto a mi oído.
- No, pero si sigues masajeándome así, olvídate de toda esa mierda de
tomárnoslo con calma. -Me siento y la miro a la cara-. Lo que no logro entender
es si me provocas y me tientas a propósito o si realmente eres inocente.
- No intento provocarte.
Enarco una ceja y bajo la mirada hacia la parte superior de mi muslo, donde
ella ha apoyado su mano. La aparta bruscamente.
- Vale, no pretendía poner la mano ahí. Bueno, quiero decir que lo he hecho sin
darme cuenta. Solo que... lo que... lo que quiero decir es que...
- Me encanta cuando tartamudeas -admito mientras la acerco y le enseño mi
versión del masaje sueco, hasta que Doug y Sierra nos interrumpen.
Dos semanas más tarde, me entero de que tengo una cita en el
juzgado por los cargos de posesión de armas. Le oculto la noticia a Ashley,
porque alucinaría. Probablemente me diría que un abogado de oficio no es tan
bueno como uno privado. Lo cierto es que no puedo permitirme un abogado de un
gran bufete.
Mientras espero en la puerta principal del instituto, preocupándome por lo que
me depara el destino, alguien me golpea de repente y casi caigo al suelo.
- ¿Qué diablos? -espeto.
- Lo siento -responde el chico con voz nerviosa.
Me doy cuenta de que el tipo que tengo delante no es otro que el de
la cárcel en persona.
- Ven aquí, imbécil -grita Sam
Avanzo y me interpongo entre ellos. - Sam, ¿cuál es el problema?
- Este idiota me ha robado la plaza de aparcamiento -me explica señalandole
- ¿Y? ¿No has encontrado otro sitio?
Sam se endereza con rigidez, listo para darle una paliza al chico. No
vacilaría ni un segundo si se propone hacerlo.
- Si, he encontrado otro sitio.
- Pues entonces déjale en paz. Lo conozco. Es buena gente.
- ¿Conoces a este tipo? -pregunta Sam, enarcando una ceja.
- Mira. - echo un vistazo al chico y agradezco que esta vez lleve una camisa
azul y no la de color coral. Todavía tiene pinta de lerdo, pero por lo menos
puedo mantenerme serio cuando digo-: Este tipo ha estado en la cárcel más veces
que yo. Puede que parezca un idiota, pero bajo ese pelo engominado y esa fea
camisa se esconde un auténtico tipo duro.
- ¿Estás riéndote de mí, Zayn? -asegura Sam.
- No digas que no te lo advertí -añado, encogiéndome de hombros y apartándome
de su camino.
El chico da un paso adelante, aparentando ser un tipo duro. Me muerdo el labio
inferior para no soltar una carcajada y me cruzo de brazos como si estuviera
esperando a que comenzara la pelea. Mis colegas de los Latino Blood también
esperan, preparados para ver como un lerdo le patea el culo a Sam.
Sam me mira, después mira al chico y otra vez a mí.
- Zayn, como te estés riendo de mí...
- Comprueba su expediente policial. Su especialidad son los coches de lujo.
Sam espera su siguiente movimiento. El chico no. Camina hacia mí y me tiende
el puño.
- Si necesitas algo, Zayn, sabes que puedes contar conmigo.
Hago chocar mi puño contra el de él. Un segundo más tarde ha
desaparecido. Doy gracias porque nadie haya reparado en el temblor de su muñeca.
Me topo con él junto a su taquilla, en el descanso entre la primera y segunda
hora.
- ¿Hablabas en serio cuando has dicho que puedo contar contigo si lo necesito?
- Después de lo de esta mañana, te debo la vida -admite -. No sé por
qué has dado la cara por mí, pero estaba cagado de miedo.
- Esa es la regla número uno. No dejes que se note que estás cagado.
El chico resopla. Supongo que es su manera de reír, o eso o padece una
sinusitis de la hostia.
- Intentaré recordarlo la próxima vez que un pandillero amenace con matarme. -tiende una mano para estrechar la mía-. Me llamo Gary Frankel.
Le estrecho la mano.
- Mira, Gary -continuo-. Mi juicio es la semana que viene y preferiría no
fiarme de un abogado de oficio. ¿Crees que tu madre podría ayudarme?
Gary sonríe.
- Creo que sí. Es muy buena. Si es tu primer delito, probablemente te consiga
una libertad condicional reducida.
- No me lo puedo permitir...
- No te preocupes por el dinero, Zayn. Aquí tienes su tarjeta. Le diré que eres
amigo mío y lo hará gratis.
Cuando Gary se aleja por el pasillo, pienso en lo cómico de la situación. A
veces, la persona que menos esperas puede convertirse en tu aliado, aunque sea
por una vez. Y a veces, una chica rica puede hacer que el futuro sea algo que
esperas con ilusión.
Capitulo 43
Narra Ash
- Ashley, por favor, explícame otra vez por qué hemos de recoger a Zayn para
que nos acompañe al lago -me pide Sierra.
- Mi madre me ha ordenado que no le vea fuera del instituto, así que el lago es el lugar perfecto para salir con él. Allí nadie nos verá.
- Excepto nosotros.
- Pero no vais a acusarnos, ¿verdad?- descubro a Doug haciendo una mueca. Al principio me pareció buena idea. Salir en pareja a pasar el día al lago podía ser algo divertido. Bueno, al
menos cuando Sierra y Doug se recuperen de la conmoción inicial que les
provocará la visión de Zayn y yo juntos.
- Por favor, no os pongáis pesados con esto.
- Ese tipo es un perdedor, Ash -declara Doug mientras llega al aparcamiento
del instituto, donde Zayn debe de estar esperándonos-. Es tu mejor amiga,
Sierra. Hazla entrar en razón.
- Lo he intentado, pero ya la conoces. Es muy cabezona.
Dejo escapar un suspiro.
- ¿Podeis dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? Me gusta Zayn. Y
yo le gusto a él. Quiero darle una oportunidad.
- ¿Y cómo pretendes hacerlo? ¿Vais a mantener en secreto la relación? ¿Toda la
vida? -pregunta Sierra.
Afortunadamente, ya hemos llegado, así que no tengo que responder. Zayn está
sentado en el bordillo, junto a su moto, con las piernas extendidas. Estoy
nerviosa, y al abrir la puerta de atrás, me muerdo el labio inferior.
Cuando ve a Doug conduciendo y a Sierra a su lado, se le tensa la mandíbula.
- Entra, Zayn.
Me echo a un lado para dejarle sitio.
- No creo que sea muy buena idea -dice, asomando la cabeza.
- No seas tonto. Doug ha prometido que se portará bien. ¿No es cierto, Doug?
Aguanto la respiración hasta oír la respuesta.
Doug asiente con la cabeza en un gesto que demuestra poco interés.
- Claro -asegura impasible.
Estoy segura de que si Zayn fuera otro chico, se largaría de aquí. Pero toma
asiento a mi lado.
- ¿A dónde vamos? -pregunta.
- Al lago -respondo-. ¿Has estado allí antes?
- No.
- Está a una hora de camino. Los padres de Doug tienen una cabaña.
El trayecto me recuerda más al ambiente propio de una biblioteca que a otra
cosa. Nadie pronuncia ni una palabra. Cuando Doug se detiene a cargar gasolina,
Zayn sale del coche, se aleja y se enciende un cigarrillo.
Me hundo en el asiento. Hasta ahora, el día no se parece en nada a cómo lo
había imaginado. Sierra y Doug suelen ser muy divertidos cuando están juntos,
pero ahora mismo parece que se dirigen a un funeral.
- ¿Os importaría intentar al menos mantener una conversación? -ruego a mi
mejor amiga-. Puedes tirarte horas enteras hablando del tipo de perro al que
besarías, pero no puedes ni articular dos palabras seguidas delante del chico
que me gusta.
Sierra se vuelve sobre su asiento.
- Lo siento. Es que... Ash, te mereces algo mejor. MUCHO mejor.
- ¿Te refieres a Matt?
- A cualquiera -resopla y se vuelve de nuevo.
Zayn entra en el coche y le lanzo una tímida sonrisa. Pero él no me
corresponde. Le cojo la mano y no me devuelve el apretón, aunque por lo menos
tampoco la aparta. ¿Será una buena señal?
Cuando salimos de la gasolinera, Zayn interviene:
- Tienes un neumático suelto. ¿Oyes ese ruido en la parte posterior izquierda?
Doug se encoge de hombros.
- Lleva así un mes. No es gran cosa.
- Para en el arcén y te lo arreglo -sugiere Zayn-. Si se suelta en mitad de la
autopista, estaremos bien jodidos.
Estoy segura de que Doug no quiere confiar en el análisis de Zayn, pero después
de un kilómetro y medio, acaba deteniéndose a un lado de la carretera, aunque a
regañadientes.
- Doug. -Sierra señala el prostíbulo que tenemos enfrente-. ¿Qué tipo de
personas crees que entran ahí?
- Ahora mismo, cariño, me importa un pepino. -Se vuelve hacia Zayn y añade-:
Vale, crack. Arréglame el coche.
Zayn y Doug salen del coche.
- Siento haberme quejado tanto -dice Sierra.
- Yo también lo siento.
- ¿Crees que Doug y Zayn van a ponerse a discutir?
- Puede. Será mejor que salgamos y les distraigamos un poco.
Cuando salgo, Zayn está sacando las herramientas del maletero.
Después de levantar el coche, Zayn sujeta la llanta entre las
manos. Doug tiene los brazos en jarras y la mandíbula apretada en un gesto
desafiante.
- Thompson, ¿qué te pasa?
- No me caes bien, Malik.
- ¿Crees que tú me haces mucha gracia? -espeta Zayn, mientras se arrodilla
junto a la llanta y empieza a apretar los tornillos.
Me vuelvo hacia Sierra. ¿Deberíamos intervenir? Mi mejor amiga se encoge de
hombros y yo hago lo mismo. No es que hayan llegado a las manos... bueno, de
momento.
Un coche se detiene a nuestro lado con un chirrido de ruedas. Hay cuatro
chicos dentro, dos delante y dos detrás. Zayn les ignora mientras baja el
coche y lleva las cosas al maletero.
- ¡Eh, nenas! ¿Qué os parece si dejais plantados a esos perdedores y venis con
nosotros? Os enseñaremos qué es
divertirse de verdad -grita uno de ellos a través de la ventanilla.
- ¡Vete a la mierda! -exclama Doug. Uno de los chicos sale del coche y avanza
hacia Doug. Sierra grita algo pero en ese instante no oigo sus palabras. Estoy
demasiado absorta mirando a Zayn, que se ha quitado la camiseta y se ha
interpuesto entre el tipo y Doug.
- Apártate de mi camino -ordena el chico-. No caigas tan bajo por defender a
este idiota.
Zayn se planta frente al chico con la llanta de hierro firmemente sujeta en la
mano.
- Si jodes al chico, estarás jodiéndome a mí. Así de simple. ¿Lo entiendes,
colega?
Otro chico sale del coche. Estamos metidos en un buen lío.
- Chicas, tomar las llaves y meteos en el coche -ordena
Zayn con un tono de voz confiado.
- Pero...
Su mirada transmite una serenidad casi letal. Oh, Dios.
Va totalmente en serio.
Doug le lanza a Sierra las llaves del coche. ¿Y ahora qué? ¿Se supone que
tenemos que quedarnos sentaditas en el coche y ver cómo se pelean?
- No, no voy a ningún sitio -digo.
- Y yo tampoco -añade Sierra.
Uno de los chicos del otro coche asoma la cabeza por la ventanilla.
- Zayn, ¿eres tú?
Zayn se relaja.
- ¿Tiny? ¿Qué haces con estos idiotas
El chico que responde al nombre de Tiny les dice algo a sus compinches, quienes
no tardan en volver al coche. Casi parecen aliviados por no tener que
enfrentarse a Zayn y a Doug.
- Dime tú primero qué haces con un puñado de niños ricos -dice Tiny.
- Lárgate de aquí -ríe Zayn.
Una vez que todos estamos de nuevo en el coche, Doug dice:
-Gracias por cubrirme las espaldas.
- No pasa nada -murmura Zayn.
Nadie vuelve a romper el silencio hasta que llegamos a orillas del lago. Doug aparca delante de una cafetería para comer algo. Dentro, Sierra y yo pedimos
unas ensaladas, mientras Doug y Zayn optan por las hamburguesas.
Nos sentamos en un banco mientras esperamos la comida, sin pronunciar palabra.
Le doy una patada a Sierra por debajo de la mesa.
- Bueno, Zayn -empieza-. ¿Has visto alguna peli buena últimamente?
- No.
- ¿Has solicitado el ingreso en alguna universidad?
Zayn niega con la cabeza.
Sorprendentemente, Doug interviene: - ¿Quién te ha enseñado tanto de coches?
- Mi primo -contesta Zayn...- Los fines de semana me paso por su casa y me quedo
observando cómo resucita los coches.
- Mi padre tiene un Karmann Ghia del 72 en el garaje muerto de risa. Cree que
volverá a funcionar por arte de magia.
- ¿Qué le pasa? -pregunta Zayn.
Doug se lo explica y Zayn escucha con atención. Me siento y me relajo al
escucharles discutir sobre las ventajas e inconvenientes de comprar piezas de
recambio por eBay. La tensión parece desvanecerse a medida que avanza la
conversación.
Tras acabar de comer, paseamos por Chester Square. Zayn me coge de la mano y no
puedo pensar en nada más que no sea estar allí con él.
- Mira, hay una nueva galería -dice Sierra, señalando el otro lado de la
calle-. Y además es la inauguración. ¡Entremos!
- Genial -exclamo.
- Yo me quedaré fuera -añade Zayn cuando cruzo al otro lado con Sierra y Doug-.
No me van mucho las galerías.
Sé que no es verdad. ¿Cuándo entenderá que no tiene por qué cumplir con la
etiqueta que todos le han colocado? Si entrara, se daría cuenta de que se
siente tan a gusto en la galería como en el taller de su primo.
- Vamos -insisto, tirando de él. Sonrío cuando entramos en la galería.
Todo un bufé espera en una mesa mientras unas cuarenta personas se arremolinan
observando las obras.
Doy una vuelta con Zayn, que camina con rigidez a mi lado.
- Relájate -le digo.
- Para ti es fácil decirlo -murmura.
- Ashley, por favor, explícame otra vez por qué hemos de recoger a Zayn para
que nos acompañe al lago -me pide Sierra.
- Mi madre me ha ordenado que no le vea fuera del instituto, así que el lago es el lugar perfecto para salir con él. Allí nadie nos verá.
- Excepto nosotros.
- Pero no vais a acusarnos, ¿verdad?- descubro a Doug haciendo una mueca. Al principio me pareció buena idea. Salir en pareja a pasar el día al lago podía ser algo divertido. Bueno, al
menos cuando Sierra y Doug se recuperen de la conmoción inicial que les
provocará la visión de Zayn y yo juntos.
- Por favor, no os pongáis pesados con esto.
- Ese tipo es un perdedor, Ash -declara Doug mientras llega al aparcamiento
del instituto, donde Zayn debe de estar esperándonos-. Es tu mejor amiga,
Sierra. Hazla entrar en razón.
- Lo he intentado, pero ya la conoces. Es muy cabezona.
Dejo escapar un suspiro.
- ¿Podeis dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? Me gusta Zayn. Y
yo le gusto a él. Quiero darle una oportunidad.
- ¿Y cómo pretendes hacerlo? ¿Vais a mantener en secreto la relación? ¿Toda la
vida? -pregunta Sierra.
Afortunadamente, ya hemos llegado, así que no tengo que responder. Zayn está
sentado en el bordillo, junto a su moto, con las piernas extendidas. Estoy
nerviosa, y al abrir la puerta de atrás, me muerdo el labio inferior.
Cuando ve a Doug conduciendo y a Sierra a su lado, se le tensa la mandíbula.
- Entra, Zayn.
Me echo a un lado para dejarle sitio.
- No creo que sea muy buena idea -dice, asomando la cabeza.
- No seas tonto. Doug ha prometido que se portará bien. ¿No es cierto, Doug?
Aguanto la respiración hasta oír la respuesta.
Doug asiente con la cabeza en un gesto que demuestra poco interés.
- Claro -asegura impasible.
Estoy segura de que si Zayn fuera otro chico, se largaría de aquí. Pero toma
asiento a mi lado.
- ¿A dónde vamos? -pregunta.
- Al lago -respondo-. ¿Has estado allí antes?
- No.
- Está a una hora de camino. Los padres de Doug tienen una cabaña.
El trayecto me recuerda más al ambiente propio de una biblioteca que a otra
cosa. Nadie pronuncia ni una palabra. Cuando Doug se detiene a cargar gasolina,
Zayn sale del coche, se aleja y se enciende un cigarrillo.
Me hundo en el asiento. Hasta ahora, el día no se parece en nada a cómo lo
había imaginado. Sierra y Doug suelen ser muy divertidos cuando están juntos,
pero ahora mismo parece que se dirigen a un funeral.
- ¿Os importaría intentar al menos mantener una conversación? -ruego a mi
mejor amiga-. Puedes tirarte horas enteras hablando del tipo de perro al que
besarías, pero no puedes ni articular dos palabras seguidas delante del chico
que me gusta.
Sierra se vuelve sobre su asiento.
- Lo siento. Es que... Ash, te mereces algo mejor. MUCHO mejor.
- ¿Te refieres a Matt?
- A cualquiera -resopla y se vuelve de nuevo.
Zayn entra en el coche y le lanzo una tímida sonrisa. Pero él no me
corresponde. Le cojo la mano y no me devuelve el apretón, aunque por lo menos
tampoco la aparta. ¿Será una buena señal?
Cuando salimos de la gasolinera, Zayn interviene:
- Tienes un neumático suelto. ¿Oyes ese ruido en la parte posterior izquierda?
Doug se encoge de hombros.
- Lleva así un mes. No es gran cosa.
- Para en el arcén y te lo arreglo -sugiere Zayn-. Si se suelta en mitad de la
autopista, estaremos bien jodidos.
Estoy segura de que Doug no quiere confiar en el análisis de Zayn, pero después
de un kilómetro y medio, acaba deteniéndose a un lado de la carretera, aunque a
regañadientes.
- Doug. -Sierra señala el prostíbulo que tenemos enfrente-. ¿Qué tipo de
personas crees que entran ahí?
- Ahora mismo, cariño, me importa un pepino. -Se vuelve hacia Zayn y añade-:
Vale, crack. Arréglame el coche.
Zayn y Doug salen del coche.
- Siento haberme quejado tanto -dice Sierra.
- Yo también lo siento.
- ¿Crees que Doug y Zayn van a ponerse a discutir?
- Puede. Será mejor que salgamos y les distraigamos un poco.
Cuando salgo, Zayn está sacando las herramientas del maletero.
Después de levantar el coche, Zayn sujeta la llanta entre las
manos. Doug tiene los brazos en jarras y la mandíbula apretada en un gesto
desafiante.
- Thompson, ¿qué te pasa?
- No me caes bien, Malik.
- ¿Crees que tú me haces mucha gracia? -espeta Zayn, mientras se arrodilla
junto a la llanta y empieza a apretar los tornillos.
Me vuelvo hacia Sierra. ¿Deberíamos intervenir? Mi mejor amiga se encoge de
hombros y yo hago lo mismo. No es que hayan llegado a las manos... bueno, de
momento.
Un coche se detiene a nuestro lado con un chirrido de ruedas. Hay cuatro
chicos dentro, dos delante y dos detrás. Zayn les ignora mientras baja el
coche y lleva las cosas al maletero.
- ¡Eh, nenas! ¿Qué os parece si dejais plantados a esos perdedores y venis con
nosotros? Os enseñaremos qué es
divertirse de verdad -grita uno de ellos a través de la ventanilla.
- ¡Vete a la mierda! -exclama Doug. Uno de los chicos sale del coche y avanza
hacia Doug. Sierra grita algo pero en ese instante no oigo sus palabras. Estoy
demasiado absorta mirando a Zayn, que se ha quitado la camiseta y se ha
interpuesto entre el tipo y Doug.
- Apártate de mi camino -ordena el chico-. No caigas tan bajo por defender a
este idiota.
Zayn se planta frente al chico con la llanta de hierro firmemente sujeta en la
mano.
- Si jodes al chico, estarás jodiéndome a mí. Así de simple. ¿Lo entiendes,
colega?
Otro chico sale del coche. Estamos metidos en un buen lío.
- Chicas, tomar las llaves y meteos en el coche -ordena
Zayn con un tono de voz confiado.
- Pero...
Su mirada transmite una serenidad casi letal. Oh, Dios.
Va totalmente en serio.
Doug le lanza a Sierra las llaves del coche. ¿Y ahora qué? ¿Se supone que
tenemos que quedarnos sentaditas en el coche y ver cómo se pelean?
- No, no voy a ningún sitio -digo.
- Y yo tampoco -añade Sierra.
Uno de los chicos del otro coche asoma la cabeza por la ventanilla.
- Zayn, ¿eres tú?
Zayn se relaja.
- ¿Tiny? ¿Qué haces con estos idiotas
El chico que responde al nombre de Tiny les dice algo a sus compinches, quienes
no tardan en volver al coche. Casi parecen aliviados por no tener que
enfrentarse a Zayn y a Doug.
- Dime tú primero qué haces con un puñado de niños ricos -dice Tiny.
- Lárgate de aquí -ríe Zayn.
Una vez que todos estamos de nuevo en el coche, Doug dice:
-Gracias por cubrirme las espaldas.
- No pasa nada -murmura Zayn.
Nadie vuelve a romper el silencio hasta que llegamos a orillas del lago. Doug aparca delante de una cafetería para comer algo. Dentro, Sierra y yo pedimos
unas ensaladas, mientras Doug y Zayn optan por las hamburguesas.
Nos sentamos en un banco mientras esperamos la comida, sin pronunciar palabra.
Le doy una patada a Sierra por debajo de la mesa.
- Bueno, Zayn -empieza-. ¿Has visto alguna peli buena últimamente?
- No.
- ¿Has solicitado el ingreso en alguna universidad?
Zayn niega con la cabeza.
Sorprendentemente, Doug interviene: - ¿Quién te ha enseñado tanto de coches?
- Mi primo -contesta Zayn...- Los fines de semana me paso por su casa y me quedo
observando cómo resucita los coches.
- Mi padre tiene un Karmann Ghia del 72 en el garaje muerto de risa. Cree que
volverá a funcionar por arte de magia.
- ¿Qué le pasa? -pregunta Zayn.
Doug se lo explica y Zayn escucha con atención. Me siento y me relajo al
escucharles discutir sobre las ventajas e inconvenientes de comprar piezas de
recambio por eBay. La tensión parece desvanecerse a medida que avanza la
conversación.
Tras acabar de comer, paseamos por Chester Square. Zayn me coge de la mano y no
puedo pensar en nada más que no sea estar allí con él.
- Mira, hay una nueva galería -dice Sierra, señalando el otro lado de la
calle-. Y además es la inauguración. ¡Entremos!
- Genial -exclamo.
- Yo me quedaré fuera -añade Zayn cuando cruzo al otro lado con Sierra y Doug-.
No me van mucho las galerías.
Sé que no es verdad. ¿Cuándo entenderá que no tiene por qué cumplir con la
etiqueta que todos le han colocado? Si entrara, se daría cuenta de que se
siente tan a gusto en la galería como en el taller de su primo.
- Vamos -insisto, tirando de él. Sonrío cuando entramos en la galería.
Todo un bufé espera en una mesa mientras unas cuarenta personas se arremolinan
observando las obras.
Doy una vuelta con Zayn, que camina con rigidez a mi lado.
- Relájate -le digo.
- Para ti es fácil decirlo -murmura.
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