martes, 25 de diciembre de 2012

Capitulo 8


Narra Zayn


......- En dos meses habré catado a esa tía. Si de verdad quieres apostar tu RX-7, acepto.
- Estás loco, tío -dice Liam, y al ver que no contesto, añade frunciendo el ceño-: ¿Hablas en serio, Zayn?
El tío va a echarse atrás, quiere más a su coche que a su madre.
- Claro.
- Si pierdes, me quedo con Kenny -dice Liam, y su expresión ceñuda se transforma en una sonrisa malvada.
Kenny es mi posesión más preciada: una vieja Honda Nighthawk 750. La rescaté del depósito y la convertí en una moto de líneas depuradas. Hacerlo me llevó un montón de tiempo. Es la única cosa en mi vida que, en lugar de echar a perder, he mejorado.
Liam no va a rajarse. Ahora me toca a mí rechazar o aceptar el reto. El problema es que nunca me he echado atrás... ni una sola vez en toda mi vida.
Estoy seguro de que la chica más popular del instituto va a aprender un montón de cosas saliendo conmigo. La señorita Perfecta ha declarado que nunca saldría con el miembro de una banda, pero apuesto a que ningún Latino Blood ha intentado colarse alguna vez en esos pantalones de diseño.
Apuesto a que todo lo que necesito para ligarme a Ash es un poco de coqueteo. Ya saben, un juego de palabras, un toma y da que aumenta tu percepción del sexo opuesto. Puedo matar dos pájaros de un tiro: devolvérsela a Cara Burro quitándole a su chica y devolvérsela a doña Perfecta por haberse chivado de mí al director, y por dejarme en ridículo delante de sus amigas. Puede ser divertido.
Me imagino a todo el instituto siendo testigo de la inmaculada niña pija babeando por el chicano al que ha profesado odio eterno. Imagino su culo blanco y apretado cayendo al suelo cuando haya acabado con ella.
Le tiendo la mano a Liam.
- Trato hecho.
- Tendrás que demostrarlo con pruebas.- Le doy otra calada al cigarrillo.
- Liam, ¿qué quieres que haga? ¿Arrancarle un pelo púbico?
- ¿Cómo sabremos que es de ella? -pregunta Liam-.
- Hazle una foto -sugiere Pedro-. O un vídeo. Apuesto a que podemos sacar una pasta con eso. Podemos titularlo «Ash se va de paseo al sur de la frontera».
Son este tipo de conversaciones estúpidas las que nos dan una mala reputación. No es que los niños ricos no hablen de estupideces, estoy seguro que sí. Sin embargo, cuando mis amigos empiezan, no conocen el límite. Si os digo la verdad, creo que mis colegas se lo pasan bomba cuando se ríen de alguien. Aunque si es de mí, ya no me hace tanta gracia.
- ¿De qué habláis? -pregunta Paco, que se une a nosotros con un plato de comida de la cafetería.
- He apostado mi coche con Zayn a que no consigue acostarse con Ashley Miori antes de Navidad. Y él ha apostado su Kenny a que sí.
- ¿Estás loco, Zayn? -dice Paco-. Hacer una apuesta como esa es un suicidio.
- Déjalo, Paco -le advierto. No es ningún suicidio. Una estupidez, puede, pero no un suicidio. Si conseguí salir con la tía buena de Madison puedo salir con la galleta de vainilla de Ash Miori.
- Ashley está fuera de nuestro alcance, colega. Puede que seas un chico mono, pero eres cien por cien pandillero y ella es muy pija.
Una alumna de penúltimo curso llamada Leticia González se acerca a nosotros.
- Hola, Zayn -dice, lanzándome una sonrisa antes de sentarse con sus amigas. Mientras los otros chicos babean por Leticia y sus amigas, Paco y yo nos quedamos solos junto al árbol.
Paco me da un codazo.
- Mira, Leticia es una chica preciosa, y sí está a tu alcance.
Pero yo no tengo puesto el ojo en Leticia, sino en Ash. Ahora que el juego ha empezado, voy a centrarme en el premio. Es hora de empezar el coqueteo, aunque con ella no me funcionará ningún piropo facilón. De algún modo, creo que ese tipo de comentarios ya se los dice su novio y los otros gilipollas que intentan llevársela a la cama.
Voy a optar por una nueva estrategia, una que ella no esperará. Voy a hacer que caiga rendida antes de que se dé cuenta. Y empezaré en la próxima clase, cuando esté obligada a sentarse a mi lado. Nada como unos cuantos preliminares en la clase de química para provocar que se encienda la chispa.
- ¡Mierda! -exclama Paco, lanzando su comida al plato-. Creen que pueden comprar un trozo de pan en forma de u, llenarlo de cosas y llamarlo taco, pero estos tipos de la cafetería no distinguirían un taco de carne de un pedazo de mierda. Esa es la razón por la que sabe así, Zayn.
- Tío, me están entrando ganas de vomitar -digo. Miro incómodo la comida que he traído de casa. Ahora, gracias a Paco todo me parece un pedazo de mierda. Asqueado, guardo el resto de la comida en la bolsa de papel marrón.
- ¿Quieres probarlo? -pregunta Paco con una sonrisa mientras me tiende el taco de mierda.
- Acerca eso un centímetro más y te arrepentirás -le amenazo.
- Me cago de miedo.
Paco zarandea el taco ofensivamente, provocándome.
Deberia tener más cabeza.
- Si algo de eso me cae encima...
- ¿Qué vas a hacer, pegarme? -canturrea Paco con sarcasmo, todavía agitando el taco. Quizás debería darle un puñetazo en la cara, dejarlo inconsciente para no tener que aguantarlo más.
Mientras barajo la idea, noto que algo me gotea en los pantalones. Bajo la mirada sabiendo lo que voy a encontrarme. Sí, un pedazo de falsa carne de taco, húmeda y pegajosa, me ha dejado una macha enorme justo encima de la bragueta de los vaqueros desteñidos que llevo puestos.
- Joder -se lamenta Paco. En un instante, su expresión ha pasado de la alegría a la conmoción-. ¿Quieres que te lo limpie?
- Si tus dedos se acercan lo más mínimo a mi pene, me encargaré personalmente de meterte un tiro en los huevos -gruño entre dientes. Aparto con el dedo la misteriosa carne que me ha caído encima. Me ha dejado una mancha grande y grasienta. Me vuelvo hacia Paco.
- Tienes diez minutos para conseguirme unos pantalones nuevos.
- ¿Y cómo como voy a hacer eso?
- Improvisa algo.
- Coge los míos -sugiere Paco que se levanta y se lleva los dedos a la cinturilla de los vaqueros, desabrochándose los pantalones allí, en medio del patio.
- Tal vez no me he explicado con claridad -matizo, preguntándome cómo voy a aparentar ser un tipo guay en clase de química cuando parece que me he meado en los pantalones-. Lo que quiero decir es que me consigas unos pantalones nuevos de mi talla, imbécil. Eres tan bajo que podrías presentarte a una audición para hacer de duende de Santa Claus.
- Voy a tolerar tus insultos porque somos hermanos.
- Nueve minutos y treinta segundos.
Paco decide no malgastar más tiempo y echa a correr hacia el aparcamiento del instituto. No me importa una mierda cómo consiga los pantalones, solo quiero que los encuentre antes de que empiece la siguiente clase. Tener la bragueta mojada no es el mejor modo de demostrarle a Ashley que soy todo un seductor.
Espero junto al árbol mientras los otros tiran los restos de comida y se dirigen a las puertas del instituto. De repente, suena la música por los altavoces y no veo a Paco por ningún sitio. Genial. Ahora tengo cinco minutos para llegar a la clase de Peterson. Apretando los dientes, camino hacia la clase de química con los libros estratégicamente colocados delante de la bragueta. Llego dos minutos antes. Me siento en el taburete y me acerco todo lo que puedo a la mesa de laboratorio para esconder la mancha.
La señorita Perfecta entra en clase, con su pelo de anuncio cayéndole sobre el pecho, terminando en unos perfectos ricitos que se mueven a medida que avanza. Una perfección que en lugar de excitarme, me hace desear levantarme y arruinársela.
Le guiño el ojo cuando me mira. Ella resopla y aleja su taburete del mío todo lo que puede.
Recuerdo la política de tolerancia cero de la señora Peterson y me quito la bandana, colocándomela directamente sobre la mancha. Después, me giro hacia la chica de los pompones que se sienta a mi lado.
- Tendrás que hablar conmigo en algún momento.
- ¿Para qué tu novia tenga la excusa perfecta para darme una paliza? No, gracias, Zayn. Prefiero que mi cara se quede como está.
- No tengo novia. ¿Quieres una entrevista para el puesto? -pregunto mirándola de arriba abajo, concentrándome en las partes de las que ella se vale tanto.
Hace una mueca con el labio superior pintado de rosa y me sonríe con desprecio.
- Ni muerta.
- Nena, no sabrías que hacer con tanta testosterona en tus manos.
«Eso es, Zayn. Tómale el pelo para atraer su atención. Morderá el anzuelo». Ella se aparta de mí.
- Eres asqueroso.
- ¿Y si te dijera que haríamos una pareja genial?
- Pues te diría que eres un imbécil.
 

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