Aparco en un McDonald’s, donde puedo pasar desapercibida, me pongo unos vaqueros y un jersey rosa holgado antes de tomar el camino de vuelta a casa.
Estoy asustada porque con Zayn todo es demasiado brusco. Cuando estoy con él, todo parece mucho más intenso. Mis sentimientos, mis emociones, mis deseos. Con Matt nunca había sentido este tipo de adicción, ni tampoco había deseado estar con él las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Lo que siento por él es sobre todo un anhelo. Ay, Dios. Creo que me estoy enamorando de él. Sin embargo, soy muy consciente de que amarlo implica perder una parte de mí misma. Y esta noche, en el coche, cuando Zayn me metió la mano bajo el vestido, tuve miedo de perder los papeles. Toda mi vida ha estado regida por el autocontrol, así que esto no puede ser bueno. Tengo miedo.
Atravieso la puerta principal de mi casa, preparada para deslizarme a mi habitación y guardar el vestido en el armario. Por desgracia, mi madre está esperándome en el vestíbulo.
- ¿Dónde estabas? -pregunta ella con seriedad, mientras sujeta en las manos mi libro de química y mi carpeta-. Me dijiste que estabas haciendo el trabajo, estudiando con ese tal Hernández.
La he fastidiado. Ha llegado el momento de hablar o callar para siempre.
- Se llama Malik, no Hernández. Y sí, estaba con él.
Silencio.
Los labios de mi madre adoptan una expresión tensa.
- Es obvio que no estabas estudiando. ¿Qué llevas en la bolsa? -me pregunta-. ¿Drogas? ¿Estás escondiendo drogas ahí?
- No consumo drogas, mamá -respondo con brusquedad.
Ella enarca una ceja y, señalando la mochila, me ordena:
- Ábrela.
Resoplo pero me arrodillo para abrir la cremallera. Me siento como si fuera una prisionera. Saco el vestido y se lo muestro.
- ¿Un vestido? -pregunta mi madre.
- He ido a una boda con Zayn. Su prima se ha casado.
- Ese chico te ha obligado a mentirme. Está manipulándote, Ashley.
- No me ha obligado a nada, mamá -le digo, enfadada-. No soy tan estúpida. He tomado la decisión yo sólita.
Su ira está a punto de estallar. Lo sé por el modo en el que le brillan los ojos y le tiemblan las manos.
- Si vuelvo... si VUELVO a enterarme de que has salido otra vez con ese chico, haré todo lo posible para convencer a tu padre para que pases lo que queda de curso en un internado. ¿No crees que ya tenemos suficientes preocupaciones con Shelley? Prométeme que no volverás a verle fuera del instituto.
Se lo prometo. Me refugio en mi habitación y llamo a Sierra.
- ¿Qué pasa?
- Sierra, necesito a mi mejor amiga ahora mismo.
- ¿Y me has elegido a mí? Vaya, me siento halagada -responde con ironía.
- De acuerdo, te he mentido. Me gusta Zayn. Me gusta muchísimo.
Silencio.
Más silencio.
- Sierra, ¿estás ahí? ¿O simplemente me ignoras?
- No te ignoro, Ash. Solo me pregunto por qué has decidido contármelo ahora.
- Porque necesito hablar de ello. Contigo. ¿Me odias?
- Eres mi mejor amiga -admite.
- Y tú la mía.
- Las mejores amigas siguen siéndolo aunque una de ellas se niegue a entrar en razón y se empeñe en salir con un pandillero, ¿no?
- Eso espero.
- Ash, no vuelvas a mentirme.
- No lo haré. Y puedes compartir la información con Doug, siempre y cuando no diga nada.
- Gracias por confiar en mí. Parece una chorrada, pero para mí es muy importante.
Cuelgo el teléfono. Tras habérselo contado, me alivia saber que las cosas han vuelto a la normalidad. Suena mi móvil. Es Isabel.
- Tengo que hablar contigo -suelta Isabel cuando respondo.
- ¿Qué pasa?
- ¿Has visto hoy a Paco?
Vaya... hablando de secretos.
- Sí.
- ¿Me has mencionado?
- No. ¿Por qué? ¿Querías que lo hiciera?
- No. Sí. Bueno, no lo sé. Estoy muy confusa.
- Isabel, dile lo que sientes sin más. A mí me funcionó con Zayn.
- Sí, pero tú eres Ashley Miori.
- ¿Quieres saber cómo es en realidad Ashley Miori? Te lo diré. Soy insegura, como todo el mundo. Me siento prisionera en un papel que me obligo a representar continuamente, una fachada que consiste en dar buena imagen y aparentar ser distinta a los demás. Y eso me hace ser aún más vulnerable, que me observen más y suscitar más cotilleos.
- Pues entonces supongo que no te alegrará conocer los rumores que circulan en mi grupo de amigos sobre Zayn y tú. ¿Quieres saber lo que dicen?
- No.
- ¿Estás segura?
- Si. Sí me consideras tu amiga, no me lo cuentes.
Porque si estoy al tanto de los rumores, tendré la sensación de que he de enfrentarme a ellos. Y en este preciso momento, prefiero vivir en la felicidad de la ignorancia.
sábado, 20 de julio de 2013
Capitulo 40
Narra Zayn
Tras la muerte de mi padre, mi madre nos animó, a mis hermanos y a mí, a que
nos curáramos con ayuda de la música. Bailábamos por toda la casa, y nos
turnábamos para hacerlo con ella. Creo que era su modo de olvidar el dolor, al
menos durante un tiempo. Por la noche la oía sollozar en su habitación. Nunca
abrí la puerta, pero deseaba ponerme a cantar y hacer que su dolor se
desvaneciera.
Hablo con la banda antes de coger el micrófono.
- No me gustaría hacer el idiota, pero los hermanos Malik no pueden rechazar
una petición de la novia. Mandy es muy persuasiva.
- ¡Ya te digo! -grita Byron.
Mandy le da un puñetazo en el brazo y la cara de su marido se retuerce con una
mueca. Ella sabe dónde tiene que dar el golpe. Byron le da un beso; se siente
demasiado feliz como para darle más importancia de la que tiene.
A mis hermanos y a mí nos toca cantar, pero nada de canciones tristes.
Cuando me arrodillo para cantarles a mis primos pequeños, le
guiño un ojo a Ashley.
Es entonces cuando me fijo en el silencio de la multitud y en los susurros de
conmoción. Héctor está aquí. El hecho de que ande por aquí no augura nada
bueno. Se pasea por el jardín con su traje caro, entre las miradas de los
invitados. Termino la canción y tomo asiento junto a Ash. Siento la
necesidad de protegerla.
- ¿Quieres un cigarrillo? -me pregunta Paco mientras saca su paquete del bolsillo trasero.
Miro un momento a Ash antes de responder:
- No.
Paco me mira con curiosidad, se encoge de hombros y enciende su cigarrillo.
- Cantas genial, Zayn. Si me hubieras dado unos minutos más, tendría a tu novia
comiéndome de la mano.
La ha llamado mí novia. ¿Es mi chica?
La llevo hasta una nevera llena de bebidas. Paco nos sigue. Me ando con pies de
plomo para no llevarla a donde se encuentra Héctor.
Mason, un amigo de uno de mis primos, está junto a la nevera; viste los colores
de la pandilla Python Trío y unos vaqueros gigantes y holgados que le cuelgan
del trasero.Los Python Trío son nuestros aliados, pero si Ash lo viera por la calle, lo más probable es que
saliera corriendo en la dirección opuesta.
- Zayn, Paco, ¿qué tal? -saluda Mason.
- Ya veo que te has vestido de gala para la boda, Mason -murmuro.
- Calla, los esmóquines son para los pijos -suelta Mason, sin fijarse en
Ash-. Los pandilleros de los suburbios son demasiado blandengues. En la
ciudad hay hermanos de verdad.
- Vale, tipo duro -le desafía Paco con absoluta confianza-. Corre y cuéntaselo
a Héctor.
Miro a Mason.
- Si sigues soltando bobadas como esa - le digo-, te mostraré de primera mano
lo duros que podemos llegar a ser. Nunca subestimes a los Latino Blood.
- Bueno, tengo una cita con una botella de cerveza. Nos vemos luego, chicos
-concluye, y se aleja de nosotros.
- Parece que se ha cagado en los pantalones -sugiere Paco, que sigue con la
mirada la retirada de Mason.
Ash está pálida
- ¿Te encuentras bien?
- Has amenazado a ese tipo -susurra-. Es decir, hablabas en serio.
En lugar de responderle, la cojo de la mano y la llevo hacia un lado de la
improvisada pista de baile, que no es más que un área de césped. Está sonando
una balada.
Cuando tiro de ella, Ash se aparta.
- ¿Qué estás haciendo?
- Baila conmigo -le ordeno-. No te enfades. Rodéame con tus brazos y bailemos.
No quiero oír cómo dice que soy un pandillero, que le da miedo y que si quiero
salir con ella, tendré que dejar este mundo.
- Pero...
- Olvida lo que le he dicho a Mason -le ruego muy cerca de su oído-. Estaba
poniéndome a prueba; es su modo de averiguar nuestra lealtad hacia Héctor. Si
percibe algún tipo de discordia, su pandilla puede aprovecharlo para imponerse
a la nuestra. Verás, todas las pandillas se dividen en Colegas y Gente. Cada
banda está asociada con uno u otro grupo, y los que están afiliados con los
Colegas son rivales de los que lo están con la Gente. Mason está afiliado...
- ¡Zayn! -me interrumpe.
- Sí.
- Asegúrame que no ocurrirá nada malo.
No puedo.
- No te preocupes, limítate a bailar -murmuro mientras me llevo sus brazos al
cuello y empezamos a movernos de nuevo.
Por encima de Ash, veo que Héctor y mi madre mantienen una acalorada
conversación. Me pregunto de qué estarán hablando. Ella empieza a distanciarse
un poco, hasta que él la agarra por el brazo y le dice algo al oído. Justo
cuando estoy a punto de dejar de bailar para averiguar qué demonios ocurre, mi
madre sonríe a Héctor juguetona y estalla en carcajadas por algo que ha dicho.
Es obvio que estoy paranoico.
Las horas pasan y la oscuridad se cierne sobre la ciudad. La fiesta todavía
continúa cuando caminamos hacia el coche. De vuelta a Londres, ambos
guardamos silencio.
- Ven aquí -le pido suavemente al detener el coche en el aparcamiento del
taller.
Ella se inclina sobre la palanca de cambios, acortando la distancia que nos
separa.
- Me lo he pasado genial -susurra-. Bueno, excepto la parte en la que me he
tenido que esconder en el baño... y cuando tú amenazaste a ese tipo.
- Olvídate de eso y bésame.
Deslizo las manos en su cabello. Ella me rodea el cuello con los brazos
mientras yo trazo con la lengua la cuenca de sus labios. Ella los abre y yo la
beso con más intensidad. Es como un tango, primero nos movemos a un ritmo lento
y rítmico, después, empezamos a jadear cuando nuestras lenguas se encuentran y
el beso adopta un ritmo ardiente y precipitado que no quiero que acabe nunca.
Puede que los besos de Madi fueran picantes, pero los de Ash son más
sensuales, sexys y extremadamente adictivos.
En el coche estamos muy apretados y los asientos no nos dejan espacio
suficiente. Antes de que me dé cuenta, nos hemos colocado en los asientos de
atrás. Sigue sin parecerme ideal, pero apenas reparo en ello.
Estoy demasiado absorto con sus gemidos, sus besos y sus manos en mi pelo. Y
con el olor a vainilla. Esta noche no quiero llegar muy lejos con
ella. Sin embargo, mi mano recorre su muslo desnudo.
- Me hace sentir tan bien -admite casi sin aliento.
Nos recostamos en los asientos y me permito explorarla con las manos. Acaricio
con los labios el hueco de su cuello y le suelto los tirantes del vestido y del
sujetador. En respuesta, ella me desabrocha la camisa. Una vez abierta, sus
dedos me recorren el pecho y los hombros, abrasándome la piel.
- Eres... perfecto -jadea.
Ahora mismo no son palabras precisamente lo que deseo intercambiar con ella.
Muy despacio, trazo con la lengua un sendero sobre su piel sedosa, expuesta a
la brisa de la noche. Ella me agarra por el pelo, incitándome a seguir
adelante. Tiene un sabor tan agradable. Demasiado. ¡A caramelo!
Me aparto unos cuantos centímetros para mirarla a los ojos, esos bellos ojos
que resplandecen de deseo. Eso sí que es la perfección.
- Te deseo -le confieso con voz ronca. Presiona mi entrepierna y siento una
mezcla de dolor y placer casi insoportable. Pero cuando empiezo abajarle las
braguitas, ella me aparta la mano y se separa de mí.
- No... No estoy preparada para esto. Déjalo, Zayn.
Me aparto de ella y me incorporo en el asiento, esperando a que se me baje el
calentón. La miro mientras se anuda los tirantes y vuelve a ponerse la ropa.
Mierda, he ido demasiado rápido. Me dije a mí mismo que no debía emocionarme,
que debía controlarme cuando estaba con ella. Me paso una mano por el pelo y
dejo escapar un suspiro.
- Lo siento.
- No, soy yo quien lo siente. No es culpa tuya. He sido yo quien te ha metido
prisa, y tienes derecho a estar enfadado. Mira, acabo de salir de una relación
y están pasando muchas cosas en casa -me explica, llevándose las manos a la cara-.
Estoy tan confusa.
Coge el bolso y abre la puerta del coche. La sigo, con la camisa abierta
y ondeando a merced del viento, como la capa de un vampiro. Como eso, o como la
capa del ángel de la muerte.
- Ash, espera.
- Por favor... abre la puerta del garaje. Necesito el coche.
- No te vayas.
Introduzco la contraseña en el teclado electrónico.
- Lo siento -se lamenta una vez más.
- Déjalo ya. Escucha, no importa lo que ha pasado. No estoy contigo solo por
eso. Me he dejado llevar por el modo en que hemos conectado esta noche, por tu
olor a vainilla que quisiera poder respirar toda la vida y... mierda, lo he
echado todo a perder, ¿no es cierto?
Ella sube a su coche.
- ¿Podemos ir más despacio, Zayn? Esto va demasiado rápido para mí.
- Sí -digo, y asiento con la cabeza. Tengo las manos metidas en los bolsillos,
en un intento por resistir el deseo de sacarla del coche.
Y de veras espero que se marche ya, porque si no lo hace, no podré controlarme.
Me he dejado llevar al recorrer su cuerpo con mis manos y lo he echado todo a
perder.
La apuesta.
Se supone que todo esto con Ash no es más que una apuesta. No he de
enamorarme de una chica de la zona norte. Intentaré concentrarme en la apuesta
y dejar a un lado lo que sospecho que son sentimientos muy reales. Los
sentimientos no pueden formar parte de este juego.
Tras la muerte de mi padre, mi madre nos animó, a mis hermanos y a mí, a que
nos curáramos con ayuda de la música. Bailábamos por toda la casa, y nos
turnábamos para hacerlo con ella. Creo que era su modo de olvidar el dolor, al
menos durante un tiempo. Por la noche la oía sollozar en su habitación. Nunca
abrí la puerta, pero deseaba ponerme a cantar y hacer que su dolor se
desvaneciera.
Hablo con la banda antes de coger el micrófono.
- No me gustaría hacer el idiota, pero los hermanos Malik no pueden rechazar
una petición de la novia. Mandy es muy persuasiva.
- ¡Ya te digo! -grita Byron.
Mandy le da un puñetazo en el brazo y la cara de su marido se retuerce con una
mueca. Ella sabe dónde tiene que dar el golpe. Byron le da un beso; se siente
demasiado feliz como para darle más importancia de la que tiene.
A mis hermanos y a mí nos toca cantar, pero nada de canciones tristes.
Cuando me arrodillo para cantarles a mis primos pequeños, le
guiño un ojo a Ashley.
Es entonces cuando me fijo en el silencio de la multitud y en los susurros de
conmoción. Héctor está aquí. El hecho de que ande por aquí no augura nada
bueno. Se pasea por el jardín con su traje caro, entre las miradas de los
invitados. Termino la canción y tomo asiento junto a Ash. Siento la
necesidad de protegerla.
- ¿Quieres un cigarrillo? -me pregunta Paco mientras saca su paquete del bolsillo trasero.
Miro un momento a Ash antes de responder:
- No.
Paco me mira con curiosidad, se encoge de hombros y enciende su cigarrillo.
- Cantas genial, Zayn. Si me hubieras dado unos minutos más, tendría a tu novia
comiéndome de la mano.
La ha llamado mí novia. ¿Es mi chica?
La llevo hasta una nevera llena de bebidas. Paco nos sigue. Me ando con pies de
plomo para no llevarla a donde se encuentra Héctor.
Mason, un amigo de uno de mis primos, está junto a la nevera; viste los colores
de la pandilla Python Trío y unos vaqueros gigantes y holgados que le cuelgan
del trasero.Los Python Trío son nuestros aliados, pero si Ash lo viera por la calle, lo más probable es que
saliera corriendo en la dirección opuesta.
- Zayn, Paco, ¿qué tal? -saluda Mason.
- Ya veo que te has vestido de gala para la boda, Mason -murmuro.
- Calla, los esmóquines son para los pijos -suelta Mason, sin fijarse en
Ash-. Los pandilleros de los suburbios son demasiado blandengues. En la
ciudad hay hermanos de verdad.
- Vale, tipo duro -le desafía Paco con absoluta confianza-. Corre y cuéntaselo
a Héctor.
Miro a Mason.
- Si sigues soltando bobadas como esa - le digo-, te mostraré de primera mano
lo duros que podemos llegar a ser. Nunca subestimes a los Latino Blood.
- Bueno, tengo una cita con una botella de cerveza. Nos vemos luego, chicos
-concluye, y se aleja de nosotros.
- Parece que se ha cagado en los pantalones -sugiere Paco, que sigue con la
mirada la retirada de Mason.
Ash está pálida
- ¿Te encuentras bien?
- Has amenazado a ese tipo -susurra-. Es decir, hablabas en serio.
En lugar de responderle, la cojo de la mano y la llevo hacia un lado de la
improvisada pista de baile, que no es más que un área de césped. Está sonando
una balada.
Cuando tiro de ella, Ash se aparta.
- ¿Qué estás haciendo?
- Baila conmigo -le ordeno-. No te enfades. Rodéame con tus brazos y bailemos.
No quiero oír cómo dice que soy un pandillero, que le da miedo y que si quiero
salir con ella, tendré que dejar este mundo.
- Pero...
- Olvida lo que le he dicho a Mason -le ruego muy cerca de su oído-. Estaba
poniéndome a prueba; es su modo de averiguar nuestra lealtad hacia Héctor. Si
percibe algún tipo de discordia, su pandilla puede aprovecharlo para imponerse
a la nuestra. Verás, todas las pandillas se dividen en Colegas y Gente. Cada
banda está asociada con uno u otro grupo, y los que están afiliados con los
Colegas son rivales de los que lo están con la Gente. Mason está afiliado...
- ¡Zayn! -me interrumpe.
- Sí.
- Asegúrame que no ocurrirá nada malo.
No puedo.
- No te preocupes, limítate a bailar -murmuro mientras me llevo sus brazos al
cuello y empezamos a movernos de nuevo.
Por encima de Ash, veo que Héctor y mi madre mantienen una acalorada
conversación. Me pregunto de qué estarán hablando. Ella empieza a distanciarse
un poco, hasta que él la agarra por el brazo y le dice algo al oído. Justo
cuando estoy a punto de dejar de bailar para averiguar qué demonios ocurre, mi
madre sonríe a Héctor juguetona y estalla en carcajadas por algo que ha dicho.
Es obvio que estoy paranoico.
Las horas pasan y la oscuridad se cierne sobre la ciudad. La fiesta todavía
continúa cuando caminamos hacia el coche. De vuelta a Londres, ambos
guardamos silencio.
- Ven aquí -le pido suavemente al detener el coche en el aparcamiento del
taller.
Ella se inclina sobre la palanca de cambios, acortando la distancia que nos
separa.
- Me lo he pasado genial -susurra-. Bueno, excepto la parte en la que me he
tenido que esconder en el baño... y cuando tú amenazaste a ese tipo.
- Olvídate de eso y bésame.
Deslizo las manos en su cabello. Ella me rodea el cuello con los brazos
mientras yo trazo con la lengua la cuenca de sus labios. Ella los abre y yo la
beso con más intensidad. Es como un tango, primero nos movemos a un ritmo lento
y rítmico, después, empezamos a jadear cuando nuestras lenguas se encuentran y
el beso adopta un ritmo ardiente y precipitado que no quiero que acabe nunca.
Puede que los besos de Madi fueran picantes, pero los de Ash son más
sensuales, sexys y extremadamente adictivos.
En el coche estamos muy apretados y los asientos no nos dejan espacio
suficiente. Antes de que me dé cuenta, nos hemos colocado en los asientos de
atrás. Sigue sin parecerme ideal, pero apenas reparo en ello.
Estoy demasiado absorto con sus gemidos, sus besos y sus manos en mi pelo. Y
con el olor a vainilla. Esta noche no quiero llegar muy lejos con
ella. Sin embargo, mi mano recorre su muslo desnudo.
- Me hace sentir tan bien -admite casi sin aliento.
Nos recostamos en los asientos y me permito explorarla con las manos. Acaricio
con los labios el hueco de su cuello y le suelto los tirantes del vestido y del
sujetador. En respuesta, ella me desabrocha la camisa. Una vez abierta, sus
dedos me recorren el pecho y los hombros, abrasándome la piel.
- Eres... perfecto -jadea.
Ahora mismo no son palabras precisamente lo que deseo intercambiar con ella.
Muy despacio, trazo con la lengua un sendero sobre su piel sedosa, expuesta a
la brisa de la noche. Ella me agarra por el pelo, incitándome a seguir
adelante. Tiene un sabor tan agradable. Demasiado. ¡A caramelo!
Me aparto unos cuantos centímetros para mirarla a los ojos, esos bellos ojos
que resplandecen de deseo. Eso sí que es la perfección.
- Te deseo -le confieso con voz ronca. Presiona mi entrepierna y siento una
mezcla de dolor y placer casi insoportable. Pero cuando empiezo abajarle las
braguitas, ella me aparta la mano y se separa de mí.
- No... No estoy preparada para esto. Déjalo, Zayn.
Me aparto de ella y me incorporo en el asiento, esperando a que se me baje el
calentón. La miro mientras se anuda los tirantes y vuelve a ponerse la ropa.
Mierda, he ido demasiado rápido. Me dije a mí mismo que no debía emocionarme,
que debía controlarme cuando estaba con ella. Me paso una mano por el pelo y
dejo escapar un suspiro.
- Lo siento.
- No, soy yo quien lo siente. No es culpa tuya. He sido yo quien te ha metido
prisa, y tienes derecho a estar enfadado. Mira, acabo de salir de una relación
y están pasando muchas cosas en casa -me explica, llevándose las manos a la cara-.
Estoy tan confusa.
Coge el bolso y abre la puerta del coche. La sigo, con la camisa abierta
y ondeando a merced del viento, como la capa de un vampiro. Como eso, o como la
capa del ángel de la muerte.
- Ash, espera.
- Por favor... abre la puerta del garaje. Necesito el coche.
- No te vayas.
Introduzco la contraseña en el teclado electrónico.
- Lo siento -se lamenta una vez más.
- Déjalo ya. Escucha, no importa lo que ha pasado. No estoy contigo solo por
eso. Me he dejado llevar por el modo en que hemos conectado esta noche, por tu
olor a vainilla que quisiera poder respirar toda la vida y... mierda, lo he
echado todo a perder, ¿no es cierto?
Ella sube a su coche.
- ¿Podemos ir más despacio, Zayn? Esto va demasiado rápido para mí.
- Sí -digo, y asiento con la cabeza. Tengo las manos metidas en los bolsillos,
en un intento por resistir el deseo de sacarla del coche.
Y de veras espero que se marche ya, porque si no lo hace, no podré controlarme.
Me he dejado llevar al recorrer su cuerpo con mis manos y lo he echado todo a
perder.
La apuesta.
Se supone que todo esto con Ash no es más que una apuesta. No he de
enamorarme de una chica de la zona norte. Intentaré concentrarme en la apuesta
y dejar a un lado lo que sospecho que son sentimientos muy reales. Los
sentimientos no pueden formar parte de este juego.
viernes, 19 de julio de 2013
Capitulo 39
Narra Ash
Está claro que Byron y Mandy están locamente enamorados, y eso hace que me
pregunte si alguna vez estaré tan enamorada de mi futuro marido.
Pienso en Shelley. Ella nunca tendrá marido, ni hijos. Sé que mis hijos la
querrán tanto como yo. Nunca le faltará amor. Pero, en el fondo, me pregunto si
anhela aquello que nunca tendrá: un marido, una familia propia.
Volviendo a Zayn. Sé que no puedo verme envuelta en asuntos de pandillas y
quién sabe en qué cosas más. Yo no soy así. Pero este chico, situado justo en
el centro de todo aquello que rechazo, está conectado a mí como nadie lo ha
estado nunca. Sé que mi misión es ayudarle a cambiar de vida, para que algún
día la gente pueda decir que somos la pareja perfecta.
Cuando empieza a sonar la música, rodeo a Zayn con los brazos y apoyo la cabeza
sobre su pecho. Él retira los mechones de mi cuello y me abraza mientras nos
balanceamos al ritmo de la música.
Un chico se acerca a la novia con un billete de cinco libras.
- Es una tradición -explica Zayn-. Está pagando por bailar con la novia. Lo
llaman el baile de la prosperidad.
Observo, fascinada, como el chico sujeta las cinco libras a la cola del
vestido de la novia con un imperdible.
Mi madre estaría aterrorizada.
Alguien le grita algo al chico que baila con la novia y todos estallan en
carcajadas.
- ¿Qué ha dicho tan divertido?
- Dicen que le ha puesto el billete demasiado cerca del trasero.
Miro a las parejas que hay en la pista de baile e intento imitar sus
movimientos mientras me dejo llevar por la música. Cuando la novia deja de
bailar, le pregunto a Zayn si él también va a bailar con ella.
Cuando me dice que sí, le animo a hacerlo ahora.
- Ve a bailar con Mandy. Mientras, iré a hablar con tu madre.
- ¿Estás segura de que quieres hacer eso?
- Sí, la he visto al llegar y no quiero ignorarla. No te preocupes por mí.
Tengo que hacerlo.
Zayn saca un billete de diez libras de su cartera. Intento no fijarme en
ello, pero veo que está vacía. Está a punto de darle a la novia todo el dinero
que le queda. ¿Puede permitírselo? Sé que trabaja en el taller, pero el dinero
que gana allí probablemente lo emplee para ayudar a su familia.
Doy un paso atrás hasta que nuestras manos se separan.
- Enseguida vuelvo.
Me acerco a la madre de Zayn, en la fila de mesas donde las mujeres están
colocando platos de comida. Lleva un vestido cruzado rojo y parece más joven
que mi madre. La gente piensa que mi madre es guapa, pero la señora Malik posee
la belleza eterna de una estrella de cine. Tiene los ojos grandes y marrones,
unas pestañas que le rozan las cejas, y una piel impecable y ligeramente
bronceada.
Le doy un golpecito en el hombro mientras pone las servilletas sobre la
mesa.
- Hola, señora Malik
- ¿Ashley, verdad? -pregunta.
Asiento con la cabeza. Vale, ya han terminado las presentaciones, Ashley. Deja
de andarte con rodeos.
- Esto, quería decirle algo desde que llegamos. Y ahora parece el momento
perfecto, pero creo que estoy andándome por las ramas y que no voy al grano. Me
pasa cuando estoy nerviosa.
La mujer me observa como si estuviera chiflada.
- Continúa -insiste.
- Sí, bueno, sé que no hemos empezado con muy buen pie. Y siento mucho si, de
algún modo, le falté el respeto la última vez que nos vimos. Solo quería que
supiese que no fui a su casa con la intención de besar a Zayn.
- Disculpa la curiosidad, ¿pero cuáles son tus intenciones?
- ¿Cómo dice?
- ¿Que cuáles son tus intenciones con Zayn?
- Yo... no estoy segura de qué quiere que le diga. Si le soy sincera, lo
sabremos conforme avancen las cosas.
La señora Malik me pone la mano en el hombro.
- Dios sabe que no soy la mejor madre del mundo. Sin embargo, me preocupo por
mis hijos, Ashley, más que nada en el mundo. Y haré lo que sea necesario por
protegerles. Veo el modo en el que te mira, y me asusta. No soportaría verlo
sufrir otra vez por alguien que le importa.
Al escuchar a la madre de Zayn hablando de él de aquel modo siento el deseo de
tener una madre como ella, alguien que quiere y se preocupa de su hijo. Me
cuesta mucho asimilar lo que acaba de decirme la señora Malik. Sus palabras me
han dejado un nudo en la garganta. La verdad es que últimamente no me siento
parte de mi familia. Solo soy una chica cuyos padres esperan que diga y haga
siempre lo correcto. Llevo mucho tiempo representado un papel para ayudar a mis
padres a sobrellevar lo de Shelley, que es quien de verdad necesita toda su
atención.
A veces resulta muy duro tener que esforzarse tanto para fingir que eres una
chica normal. Nadie me dijo que tenía que ser perfecta todo el tiempo. La
verdad es que el sentimiento que más predomina en mi vida es el de la
culpabilidad. Una culpabilidad inagotable y monstruosa.
Culpabilidad por ser una chica normal.
Culpabilidad por la obsesión de que Shelley se sienta tan querida como yo.
Culpabilidad por temer que mis propios hijos sean como mi hermana.
Culpabilidad por sentirme avergonzada cuando la gente mira a Shelley por la
calle.
Nunca terminará. ¿Cómo va a terminar cuando he estado cargando con esa
sensación desde el día que nací? Para la señora Malik, la familia significa
amor y protección. Para mí, culpabilidad y amor condicional.
-Señora Malik, no puedo prometerle que no le haré daño a Zayn. Lo único que sé es que tampoco
puedo estar separada de él, aunque sea precisamente lo que usted desea. Ya lo
he intentado.
Porque estar con Zayn me permite apartarme de mi propio mundo de tinieblas.
Noto cómo las lágrimas abandonan mis ojos y resbalan por mis mejillas. Me abro
paso entre la multitud en busca del cuarto de baño.
Cuando Paco sale de él, me apresuro a entrar.
- Tal vez deberías esperar antes de...
La voz de Paco se desvanece al otro lado de la puerta. La cierro con el
pestillo. Me seco los ojos y me miro en el espejo. Estoy hecha un desastre. Se
me ha corrido el rímel y... Qué tontería, qué más dará. Me desplomo sobre las
frías baldosas del suelo. Ahora comprendo lo que Paco estaba a punto de
decirme. El baño apesta, el olor es insoportable... casi hasta el punto de
provocarme una arcada. Me tapo la nariz con la mano, intentando ignorar el olor
mientras pienso en las palabras de la señora Malik. Me quedo sentada en el
suelo del cuarto de baño, secándome los ojos con una toallita y haciendo todo
lo posible por taparme la nariz. Un fuerte golpe en la puerta interrumpe mi
llanto.
- Ash, ¿estás ahí? -pregunta Zayn desde el otro lado de la puerta.
- No.
- Sal de ahí, por favor.
- No.
- Entonces, déjame entrar.
- No.
- Quiero decirte algo.
- ¿Qué? -pregunto con el pañuelo todavía en la mano.
- Te lo diré si me dejas entrar.
Giro el pomo hasta que este emite un chasquido.
Zayn entra en el baño.
- No te preocupes por nada -me dice, y tras cerrar la puerta, se arrodilla a mi
lado, estrechándome entre sus brazos y acercándome más a él. A continuación,
olfatea el aire unas cuantas veces-. Joder. ¿Paco ha estado aquí?
Asiento con la cabeza.
- ¿Qué te ha dicho mi madre? -me pregunta mientras me acaricia el pelo.
Oculto el rostro en su pecho.
- Solo ha sido honesta conmigo -murmuro contra su camisa.
Un fuerte ruido en la puerta nos interrumpe. - Abre la puerta, soy Mandy.
- ¿Quién es? -pregunto yo
- La novia -responde Zayn.
- ¡Déjame entrar!
Zayn abre la puerta. Una chica se mete en el baño y cierra la puerta tras ella.
- Vale, ¿qué pasa aquí? -pregunta antes de olfatear también el aire-, ¿Ha
estado Paco?
Zayn y yo asentimos al unísono.
- ¿Qué diablos come ese niño que todo lo que descarga parece estar podrido?
Maldita sea -dice, cogiendo un pañuelo y llevándoselo a la nariz.
- Ha sido una ceremonia preciosa -le digo a través de mi propio pañuelo. Esta
es la situación más incómoda y surrealista que he vivido jamás.
Mandy me coge de la mano.
- Ven afuera y disfruta de la fiesta. Puede que mi tía sea un poco conflictiva, pero no pretende hacer ningún daño. Es más, creo que en el fondo le caes bien.
- Voy a acompañarla a casa -dice Zayn, representando el papel de héroe. Me
pregunto cuándo se hartará del papel.
- No, no te la llevarás a casa. Y si insistes, tendré que encerraros a los dos
en este apestoso lavabo para evitarlo.
Mandy parece hablar muy en serio.
Alguien más llama a la puerta.
- Largo -ordena Mandy con efusividad.
- Soy Byron.
Me encojo de hombros y miro a Zayn en busca de una explicación.
- Es el novio -me dice él.
Byron se cuela dentro. No está tan afectado como el resto de nosotros porque
todavía no ha notado el olor a muerto que desprende el cuarto. Pero apenas
olfatea unas cuantas veces y los ojos le empiezan a llorar.
- Vamos, Mandy -insiste Byron, que intenta cubrirse la nariz sin llamar mucho
la atención pero sin disimular muy bien-. Los invitados preguntan por ti.
- ¿No ves que estoy hablando con mi primo y su cita?
- Sí, pero...
Mandy levanta la mano para callarlo mientras sujeta el pañuelo con la otra.
- Ya te lo he dicho, primero hablaré con mi primo y su cita -zanja con
firmeza-. Y todavía no he terminado. Tú -continúa ella, señalándome con el
dedo-. Ven conmigo. Zayn, quiero que tus hermanos y tú canteis.
- Mandy, no creo que... -niega Zayn con la cabeza.
Ella vuelve a levantar la mano, silenciando también a su primo.
- No te he pedido que creas nada. Te he pedido que tus hermanos y tu
canteis.
Mandy abre la puerta y me pasea por la casa. Solo se detiene cuando llegamos al
jardín. Entonces me suelta la mano para arrebatarle el micrófono al cantante
del grupo.
- ¡Paco! Sí, estoy hablando contigo -dice Mandy en voz alta señalando a
Paco, quien conversa con un grupo de chicas-. La próxima vez que quieras ir al baño,
hazlo en casa de otro.
El séquito que rodea a Paco se dispersa rápidamente entre risas, abandonándolo
a su suerte.
Byron atraviesa la pista a grandes zancadas en dirección a su mujer. El pobre
hombre está sudando la gota gorda mientras todos ríen y aplauden. Mandy baja
por fin del escenario y Zayn habla con el cantante de la banda. Los invitados
le animan, a él y a sus hermanos, para que canten.
Paco se sienta a mi lado.
- Siento mucho lo del cuarto de baño. Intenté avisarte -me dice avergonzado.
- No te preocupes. Creo que Mandy ya te ha dejado bastante en ridículo.
-Entonces, me inclino hacia él y le pregunto-: Sinceramente, ¿qué opinas de que
Zayn y yo salgamos juntos?
- Sinceramente, creo que es lo mejor que le ha ocurrido nunca.
Está claro que Byron y Mandy están locamente enamorados, y eso hace que me
pregunte si alguna vez estaré tan enamorada de mi futuro marido.
Pienso en Shelley. Ella nunca tendrá marido, ni hijos. Sé que mis hijos la
querrán tanto como yo. Nunca le faltará amor. Pero, en el fondo, me pregunto si
anhela aquello que nunca tendrá: un marido, una familia propia.
Volviendo a Zayn. Sé que no puedo verme envuelta en asuntos de pandillas y
quién sabe en qué cosas más. Yo no soy así. Pero este chico, situado justo en
el centro de todo aquello que rechazo, está conectado a mí como nadie lo ha
estado nunca. Sé que mi misión es ayudarle a cambiar de vida, para que algún
día la gente pueda decir que somos la pareja perfecta.
Cuando empieza a sonar la música, rodeo a Zayn con los brazos y apoyo la cabeza
sobre su pecho. Él retira los mechones de mi cuello y me abraza mientras nos
balanceamos al ritmo de la música.
Un chico se acerca a la novia con un billete de cinco libras.
- Es una tradición -explica Zayn-. Está pagando por bailar con la novia. Lo
llaman el baile de la prosperidad.
Observo, fascinada, como el chico sujeta las cinco libras a la cola del
vestido de la novia con un imperdible.
Mi madre estaría aterrorizada.
Alguien le grita algo al chico que baila con la novia y todos estallan en
carcajadas.
- ¿Qué ha dicho tan divertido?
- Dicen que le ha puesto el billete demasiado cerca del trasero.
Miro a las parejas que hay en la pista de baile e intento imitar sus
movimientos mientras me dejo llevar por la música. Cuando la novia deja de
bailar, le pregunto a Zayn si él también va a bailar con ella.
Cuando me dice que sí, le animo a hacerlo ahora.
- Ve a bailar con Mandy. Mientras, iré a hablar con tu madre.
- ¿Estás segura de que quieres hacer eso?
- Sí, la he visto al llegar y no quiero ignorarla. No te preocupes por mí.
Tengo que hacerlo.
Zayn saca un billete de diez libras de su cartera. Intento no fijarme en
ello, pero veo que está vacía. Está a punto de darle a la novia todo el dinero
que le queda. ¿Puede permitírselo? Sé que trabaja en el taller, pero el dinero
que gana allí probablemente lo emplee para ayudar a su familia.
Doy un paso atrás hasta que nuestras manos se separan.
- Enseguida vuelvo.
Me acerco a la madre de Zayn, en la fila de mesas donde las mujeres están
colocando platos de comida. Lleva un vestido cruzado rojo y parece más joven
que mi madre. La gente piensa que mi madre es guapa, pero la señora Malik posee
la belleza eterna de una estrella de cine. Tiene los ojos grandes y marrones,
unas pestañas que le rozan las cejas, y una piel impecable y ligeramente
bronceada.
Le doy un golpecito en el hombro mientras pone las servilletas sobre la
mesa.
- Hola, señora Malik
- ¿Ashley, verdad? -pregunta.
Asiento con la cabeza. Vale, ya han terminado las presentaciones, Ashley. Deja
de andarte con rodeos.
- Esto, quería decirle algo desde que llegamos. Y ahora parece el momento
perfecto, pero creo que estoy andándome por las ramas y que no voy al grano. Me
pasa cuando estoy nerviosa.
La mujer me observa como si estuviera chiflada.
- Continúa -insiste.
- Sí, bueno, sé que no hemos empezado con muy buen pie. Y siento mucho si, de
algún modo, le falté el respeto la última vez que nos vimos. Solo quería que
supiese que no fui a su casa con la intención de besar a Zayn.
- Disculpa la curiosidad, ¿pero cuáles son tus intenciones?
- ¿Cómo dice?
- ¿Que cuáles son tus intenciones con Zayn?
- Yo... no estoy segura de qué quiere que le diga. Si le soy sincera, lo
sabremos conforme avancen las cosas.
La señora Malik me pone la mano en el hombro.
- Dios sabe que no soy la mejor madre del mundo. Sin embargo, me preocupo por
mis hijos, Ashley, más que nada en el mundo. Y haré lo que sea necesario por
protegerles. Veo el modo en el que te mira, y me asusta. No soportaría verlo
sufrir otra vez por alguien que le importa.
Al escuchar a la madre de Zayn hablando de él de aquel modo siento el deseo de
tener una madre como ella, alguien que quiere y se preocupa de su hijo. Me
cuesta mucho asimilar lo que acaba de decirme la señora Malik. Sus palabras me
han dejado un nudo en la garganta. La verdad es que últimamente no me siento
parte de mi familia. Solo soy una chica cuyos padres esperan que diga y haga
siempre lo correcto. Llevo mucho tiempo representado un papel para ayudar a mis
padres a sobrellevar lo de Shelley, que es quien de verdad necesita toda su
atención.
A veces resulta muy duro tener que esforzarse tanto para fingir que eres una
chica normal. Nadie me dijo que tenía que ser perfecta todo el tiempo. La
verdad es que el sentimiento que más predomina en mi vida es el de la
culpabilidad. Una culpabilidad inagotable y monstruosa.
Culpabilidad por ser una chica normal.
Culpabilidad por la obsesión de que Shelley se sienta tan querida como yo.
Culpabilidad por temer que mis propios hijos sean como mi hermana.
Culpabilidad por sentirme avergonzada cuando la gente mira a Shelley por la
calle.
Nunca terminará. ¿Cómo va a terminar cuando he estado cargando con esa
sensación desde el día que nací? Para la señora Malik, la familia significa
amor y protección. Para mí, culpabilidad y amor condicional.
-Señora Malik, no puedo prometerle que no le haré daño a Zayn. Lo único que sé es que tampoco
puedo estar separada de él, aunque sea precisamente lo que usted desea. Ya lo
he intentado.
Porque estar con Zayn me permite apartarme de mi propio mundo de tinieblas.
Noto cómo las lágrimas abandonan mis ojos y resbalan por mis mejillas. Me abro
paso entre la multitud en busca del cuarto de baño.
Cuando Paco sale de él, me apresuro a entrar.
- Tal vez deberías esperar antes de...
La voz de Paco se desvanece al otro lado de la puerta. La cierro con el
pestillo. Me seco los ojos y me miro en el espejo. Estoy hecha un desastre. Se
me ha corrido el rímel y... Qué tontería, qué más dará. Me desplomo sobre las
frías baldosas del suelo. Ahora comprendo lo que Paco estaba a punto de
decirme. El baño apesta, el olor es insoportable... casi hasta el punto de
provocarme una arcada. Me tapo la nariz con la mano, intentando ignorar el olor
mientras pienso en las palabras de la señora Malik. Me quedo sentada en el
suelo del cuarto de baño, secándome los ojos con una toallita y haciendo todo
lo posible por taparme la nariz. Un fuerte golpe en la puerta interrumpe mi
llanto.
- Ash, ¿estás ahí? -pregunta Zayn desde el otro lado de la puerta.
- No.
- Sal de ahí, por favor.
- No.
- Entonces, déjame entrar.
- No.
- Quiero decirte algo.
- ¿Qué? -pregunto con el pañuelo todavía en la mano.
- Te lo diré si me dejas entrar.
Giro el pomo hasta que este emite un chasquido.
Zayn entra en el baño.
- No te preocupes por nada -me dice, y tras cerrar la puerta, se arrodilla a mi
lado, estrechándome entre sus brazos y acercándome más a él. A continuación,
olfatea el aire unas cuantas veces-. Joder. ¿Paco ha estado aquí?
Asiento con la cabeza.
- ¿Qué te ha dicho mi madre? -me pregunta mientras me acaricia el pelo.
Oculto el rostro en su pecho.
- Solo ha sido honesta conmigo -murmuro contra su camisa.
Un fuerte ruido en la puerta nos interrumpe. - Abre la puerta, soy Mandy.
- ¿Quién es? -pregunto yo
- La novia -responde Zayn.
- ¡Déjame entrar!
Zayn abre la puerta. Una chica se mete en el baño y cierra la puerta tras ella.
- Vale, ¿qué pasa aquí? -pregunta antes de olfatear también el aire-, ¿Ha
estado Paco?
Zayn y yo asentimos al unísono.
- ¿Qué diablos come ese niño que todo lo que descarga parece estar podrido?
Maldita sea -dice, cogiendo un pañuelo y llevándoselo a la nariz.
- Ha sido una ceremonia preciosa -le digo a través de mi propio pañuelo. Esta
es la situación más incómoda y surrealista que he vivido jamás.
Mandy me coge de la mano.
- Ven afuera y disfruta de la fiesta. Puede que mi tía sea un poco conflictiva, pero no pretende hacer ningún daño. Es más, creo que en el fondo le caes bien.
- Voy a acompañarla a casa -dice Zayn, representando el papel de héroe. Me
pregunto cuándo se hartará del papel.
- No, no te la llevarás a casa. Y si insistes, tendré que encerraros a los dos
en este apestoso lavabo para evitarlo.
Mandy parece hablar muy en serio.
Alguien más llama a la puerta.
- Largo -ordena Mandy con efusividad.
- Soy Byron.
Me encojo de hombros y miro a Zayn en busca de una explicación.
- Es el novio -me dice él.
Byron se cuela dentro. No está tan afectado como el resto de nosotros porque
todavía no ha notado el olor a muerto que desprende el cuarto. Pero apenas
olfatea unas cuantas veces y los ojos le empiezan a llorar.
- Vamos, Mandy -insiste Byron, que intenta cubrirse la nariz sin llamar mucho
la atención pero sin disimular muy bien-. Los invitados preguntan por ti.
- ¿No ves que estoy hablando con mi primo y su cita?
- Sí, pero...
Mandy levanta la mano para callarlo mientras sujeta el pañuelo con la otra.
- Ya te lo he dicho, primero hablaré con mi primo y su cita -zanja con
firmeza-. Y todavía no he terminado. Tú -continúa ella, señalándome con el
dedo-. Ven conmigo. Zayn, quiero que tus hermanos y tú canteis.
- Mandy, no creo que... -niega Zayn con la cabeza.
Ella vuelve a levantar la mano, silenciando también a su primo.
- No te he pedido que creas nada. Te he pedido que tus hermanos y tu
canteis.
Mandy abre la puerta y me pasea por la casa. Solo se detiene cuando llegamos al
jardín. Entonces me suelta la mano para arrebatarle el micrófono al cantante
del grupo.
- ¡Paco! Sí, estoy hablando contigo -dice Mandy en voz alta señalando a
Paco, quien conversa con un grupo de chicas-. La próxima vez que quieras ir al baño,
hazlo en casa de otro.
El séquito que rodea a Paco se dispersa rápidamente entre risas, abandonándolo
a su suerte.
Byron atraviesa la pista a grandes zancadas en dirección a su mujer. El pobre
hombre está sudando la gota gorda mientras todos ríen y aplauden. Mandy baja
por fin del escenario y Zayn habla con el cantante de la banda. Los invitados
le animan, a él y a sus hermanos, para que canten.
Paco se sienta a mi lado.
- Siento mucho lo del cuarto de baño. Intenté avisarte -me dice avergonzado.
- No te preocupes. Creo que Mandy ya te ha dejado bastante en ridículo.
-Entonces, me inclino hacia él y le pregunto-: Sinceramente, ¿qué opinas de que
Zayn y yo salgamos juntos?
- Sinceramente, creo que es lo mejor que le ha ocurrido nunca.
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