sábado, 20 de julio de 2013

Capitulo 40

Narra Zayn
Tras la muerte de mi padre, mi madre nos animó, a mis hermanos y a mí, a que
nos curáramos con ayuda de la música. Bailábamos por toda la casa, y nos
turnábamos para hacerlo con ella. Creo que era su modo de olvidar el dolor, al
menos durante un tiempo. Por la noche la oía sollozar en su habitación. Nunca
abrí la puerta, pero deseaba ponerme a cantar y hacer que su dolor se
desvaneciera.
Hablo con la banda antes de coger el micrófono.
- No me gustaría hacer el idiota, pero los hermanos Malik no pueden rechazar
una petición de la novia. Mandy es muy persuasiva.
- ¡Ya te digo! -grita Byron.
Mandy le da un puñetazo en el brazo y la cara de su marido se retuerce con una
mueca. Ella sabe dónde tiene que dar el golpe. Byron le da un beso; se siente
demasiado feliz como para darle más importancia de la que tiene.
A mis hermanos y a mí nos toca cantar, pero nada de canciones tristes.
Cuando me arrodillo para cantarles a mis primos pequeños, le
guiño un ojo a Ashley.
Es entonces cuando me fijo en el silencio de la multitud y en los susurros de
conmoción. Héctor está aquí. El hecho de que ande por aquí no augura nada
bueno. Se pasea por el jardín con su traje caro, entre las miradas de los
invitados. Termino la canción y tomo asiento junto a Ash. Siento la
necesidad de protegerla.
- ¿Quieres un cigarrillo? -me pregunta Paco mientras saca su paquete del bolsillo trasero.
Miro un momento a Ash antes de responder:
- No.
Paco me mira con curiosidad, se encoge de hombros y enciende su cigarrillo.
- Cantas genial, Zayn. Si me hubieras dado unos minutos más, tendría a tu novia
comiéndome de la mano.
La ha llamado mí novia. ¿Es mi chica?
La llevo hasta una nevera llena de bebidas. Paco nos sigue. Me ando con pies de
plomo para no llevarla a donde se encuentra Héctor.
Mason, un amigo de uno de mis primos, está junto a la nevera; viste los colores
de la pandilla Python Trío y unos vaqueros gigantes y holgados que le cuelgan
del trasero.
Los Python Trío son nuestros aliados, pero si Ash lo viera por la calle, lo más probable es que
saliera corriendo en la dirección opuesta.
- Zayn, Paco, ¿qué tal? -saluda Mason.
- Ya veo que te has vestido de gala para la boda, Mason -murmuro.
- Calla, los esmóquines son para los pijos -suelta Mason, sin fijarse en
Ash-. Los pandilleros de los suburbios son demasiado blandengues. En la
ciudad hay hermanos de verdad.
- Vale, tipo duro -le desafía Paco con absoluta confianza-. Corre y cuéntaselo
a Héctor.
Miro a Mason.
- Si sigues soltando bobadas como esa - le digo-, te mostraré de primera mano
lo duros que podemos llegar a ser. Nunca subestimes a los Latino Blood.
- Bueno, tengo una cita con una botella de cerveza. Nos vemos luego, chicos
-concluye, y se aleja de nosotros.
- Parece que se ha cagado en los pantalones -sugiere Paco, que sigue con la
mirada la retirada de Mason.
Ash está pálida 
- ¿Te encuentras bien?
- Has amenazado a ese tipo -susurra-. Es decir, hablabas en serio.
En lugar de responderle, la cojo de la mano y la llevo hacia un lado de la
improvisada pista de baile, que no es más que un área de césped. Está sonando
una balada.
Cuando tiro de ella, Ash se aparta.
- ¿Qué estás haciendo?
- Baila conmigo -le ordeno-. No te enfades. Rodéame con tus brazos y bailemos.
No quiero oír cómo dice que soy un pandillero, que le da miedo y que si quiero
salir con ella, tendré que dejar este mundo.
- Pero...
- Olvida lo que le he dicho a Mason -le ruego muy cerca de su oído-. Estaba
poniéndome a prueba; es su modo de averiguar nuestra lealtad hacia Héctor. Si
percibe algún tipo de discordia, su pandilla puede aprovecharlo para imponerse
a la nuestra. Verás, todas las pandillas se dividen en Colegas y Gente. Cada
banda está asociada con uno u otro grupo, y los que están afiliados con los
Colegas son rivales de los que lo están con la Gente. Mason está afiliado...
- ¡Zayn! -me interrumpe.
- Sí.
- Asegúrame que no ocurrirá nada malo.
No puedo.
- No te preocupes, limítate a bailar -murmuro mientras me llevo sus brazos al
cuello y empezamos a movernos de nuevo.
Por encima de Ash, veo que Héctor y mi madre mantienen una acalorada
conversación. Me pregunto de qué estarán hablando. Ella empieza a distanciarse
un poco, hasta que él la agarra por el brazo y le dice algo al oído. Justo
cuando estoy a punto de dejar de bailar para averiguar qué demonios ocurre, mi
madre sonríe a Héctor juguetona y estalla en carcajadas por algo que ha dicho.
Es obvio que estoy paranoico.
Las horas pasan y la oscuridad se cierne sobre la ciudad. La fiesta todavía
continúa cuando caminamos hacia el coche. De vuelta a Londres, ambos
guardamos silencio.
- Ven aquí -le pido suavemente al detener el coche en el aparcamiento del
taller.
Ella se inclina sobre la palanca de cambios, acortando la distancia que nos
separa.
- Me lo he pasado genial -susurra-. Bueno, excepto la parte en la que me he
tenido que esconder en el baño... y cuando tú amenazaste a ese tipo.
- Olvídate de eso y bésame.
Deslizo las manos en su cabello. Ella me rodea el cuello con los brazos
mientras yo trazo con la lengua la cuenca de sus labios. Ella los abre y yo la
beso con más intensidad. Es como un tango, primero nos movemos a un ritmo lento
y rítmico, después, empezamos a jadear cuando nuestras lenguas se encuentran y
el beso adopta un ritmo ardiente y precipitado que no quiero que acabe nunca.
Puede que los besos de Madi fueran picantes, pero los de Ash son más
sensuales, sexys y extremadamente adictivos.
En el coche estamos muy apretados y los asientos no nos dejan espacio
suficiente. Antes de que me dé cuenta, nos hemos colocado en los asientos de
atrás. Sigue sin parecerme ideal, pero apenas reparo en ello.
Estoy demasiado absorto con sus gemidos, sus besos y sus manos en mi pelo. Y
con el olor a vainilla. Esta noche no quiero llegar muy lejos con
ella. Sin embargo, mi mano recorre su muslo desnudo.
- Me hace sentir tan bien -admite casi sin aliento.
Nos recostamos en los asientos y me permito explorarla con las manos. Acaricio
con los labios el hueco de su cuello y le suelto los tirantes del vestido y del
sujetador. En respuesta, ella me desabrocha la camisa. Una vez abierta, sus
dedos me recorren el pecho y los hombros, abrasándome la piel.
- Eres... perfecto -jadea.
Ahora mismo no son palabras precisamente lo que deseo intercambiar con ella.
Muy despacio, trazo con la lengua un sendero sobre su piel sedosa, expuesta a
la brisa de la noche. Ella me agarra por el pelo, incitándome a seguir
adelante. Tiene un sabor tan agradable. Demasiado. ¡A caramelo!
Me aparto unos cuantos centímetros para mirarla a los ojos, esos bellos ojos
que resplandecen de deseo. Eso sí que es la perfección.
- Te deseo -le confieso con voz ronca. Presiona mi entrepierna y siento una
mezcla de dolor y placer casi insoportable. Pero cuando empiezo abajarle las
braguitas, ella me aparta la mano y se separa de mí.
- No... No estoy preparada para esto. Déjalo, Zayn.
Me aparto de ella y me incorporo en el asiento, esperando a que se me baje el
calentón. La miro mientras se anuda los tirantes y vuelve a ponerse la ropa.
Mierda, he ido demasiado rápido. Me dije a mí mismo que no debía emocionarme,
que debía controlarme cuando estaba con ella. Me paso una mano por el pelo y
dejo escapar un suspiro.
- Lo siento.
- No, soy yo quien lo siente. No es culpa tuya. He sido yo quien te ha metido
prisa, y tienes derecho a estar enfadado. Mira, acabo de salir de una relación
y están pasando muchas cosas en casa -me explica, llevándose las manos a la cara-.
Estoy tan confusa.
Coge el bolso y abre la puerta del coche. La sigo, con la camisa abierta
y ondeando a merced del viento, como la capa de un vampiro. Como eso, o como la
capa del ángel de la muerte.
- Ash, espera.
- Por favor... abre la puerta del garaje. Necesito el coche.
- No te vayas.
Introduzco la contraseña en el teclado electrónico.
- Lo siento -se lamenta una vez más.
- Déjalo ya. Escucha, no importa lo que ha pasado. No estoy contigo solo por
eso. Me he dejado llevar por el modo en que hemos conectado esta noche, por tu
olor a vainilla que quisiera poder respirar toda la vida y... mierda, lo he
echado todo a perder, ¿no es cierto?
Ella sube a su coche.
- ¿Podemos ir más despacio, Zayn? Esto va demasiado rápido para mí.
- Sí -digo, y asiento con la cabeza. Tengo las manos metidas en los bolsillos,
en un intento por resistir el deseo de sacarla del coche.
Y de veras espero que se marche ya, porque si no lo hace, no podré controlarme.
Me he dejado llevar al recorrer su cuerpo con mis manos y lo he echado todo a
perder.
La apuesta.
Se supone que todo esto con Ash no es más que una apuesta. No he de
enamorarme de una chica de la zona norte. Intentaré concentrarme en la apuesta
y dejar a un lado lo que sospecho que son sentimientos muy reales. Los
sentimientos no pueden formar parte de este juego.

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